Tal día como hoy del año 1600, hace 426 años, en Nieuwpoort (entonces condado de Flandes y actualmente país de Flandes, en Bélgica), se libraba la Primera Batalla de las Dunas, que enfrentó al ejército hispánico, formado por 10.000 efectivos y comandado por el archiduque Alberto de Austria (yerno del rey Felipe II), y las tropas de las Provincias Unidas de los Países Bajos, integradas por 11.000 soldados y lideradas por Mauricio de Nassau, stadtholder (equivalente a presidente vitalicio de aquella república neerlandesa).
Las Provincias Unidas se habían declarado independientes de la monarquía hispánica en 1581, con el Acta de Abjuración que destituía a Felipe II. No obstante, los hispánicos no reconocerían esta independencia hasta la Paz de Westfalia (1648), que ponía fin a la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), el primer gran conflicto de alcance continental europeo. Durante más de medio siglo, los hispánicos habían hostilizado permanentemente las Provincias Unidas.
El resultado de aquella batalla pondría de relieve una serie de elementos que revelaban el estado de crisis que afectaba a la monarquía hispánica. El primero la gestión deficiente de los recursos militares (los Tercios llegaron a la batalla agotados, después de una marcha ininterrumpida de 45 kilómetros, forzada por la falta de vituallas). Y el segundo la emergencia de una nueva fuerza en aquel cuadrante geográfico que, con el transcurso de las décadas siguientes, se convertiría en un gigante comercial y militar: las Provincias Unidas.
La Primera Batalla de las Dunas se resolvió a favor de los neerlandeses y fue la primera derrota de los Tercios hispánicos en los Países Bajos desde que estos habían pasado a formar parte de la monarquía hispánica (1519). El resultado de la Primera Batalla de las Dunas marcaba el fin del equilibrio que había presidido el conflicto y anunciaba un cambio de ciclo que culminaría con la pérdida del liderazgo mundial de la monarquía hispánica (Paz de los Pirineos, 1659).