La decisión de Junts per Catalunya de votar que no a los dos reales decretos ley sobre vivienda, aprobados en el último Consejo de Ministros del pasado martes y que el gobierno ha pedido que se tramitara con procedimiento de urgencia este viernes en el Congreso de los Diputados, responde, fundamentalmente, a tres razones: la primera, la desazón porque el gobierno no incluyera buena parte de sus peticiones y acabara presentando un texto que consideran absolutamente inasumible. La segunda, un análisis negativo sobre si los reales decretos van a contribuir o no a aminorar la tensión que existe sobre los pisos de alquiler y también sobre si van a proteger al pequeño propietario y las consecuencias sobre las restricciones al imponer hasta dos años de prórroga en los contratos. Y, en tercer lugar, ratificarse en la política en materia económica que han realizado en Madrid de la mano de Miriam Nogueras y que lo que pretende es un reencuentro con medidas que su electorado en Catalunya —que no es precisamente de izquierdas— pueda entender. Cierto que previamente a la votación pedirán su retirada y anunciarán su voluntad de colaborar con un nuevo decreto, pero llegado a este punto del debate su iniciativa voluntarista no tiene opciones de prosperar.
En un momento en que lo único que interesa es si se posicionaban en el sí o en el no, los matices desaparecen. Y la posición de Junts, presentando su actitud con la bandera de que "nuestro 'no' es un así no", no va a evitar que todas las plagas de Egipto caigan en las próximas horas sobre su grupo parlamentario. El gobierno español, que había convencido a muchos actores económicos, sociales y mediáticos de que contaban con el sí de Junts, al menos en uno de los dos decretos —el de medidas urgentes—, giró drásticamente esta estrategia a mediodía de este jueves. De una actitud pública de que no había que presionar a los de Puigdemont, se pasó desde el gobierno a amenazarlos con la convocatoria de elecciones españolas para antes de fin de año si los decretos decaían y la advertencia de que se acabaría convocando una huelga general en España, que sería muy negativa para la economía, el empleo y la inflación, y todo eso sería, exclusivamente, por el posicionamiento de Junts.
Sigo pensando que, para el presidente del gobierno, la mejor opción es llevar la legislatura hasta el final, ya que ninguna encuesta —excepto el voluntarista Félix Tezanos al frente del CIS— le da opción alguna para continuar en la Moncloa
Eso no lo hicieron ni uno ni dos ministros y altos cargos, sino varios. Pero cuando ello sucedió, la partida ya se había acabado, porque, si bien era cierto que la dirección de Junts per Catalunya aún no se había reunido —lo hizo a partir de las 21 horas—, los mensajes de los principales dirigentes a varios interlocutores eran muy claros: el gobierno pretende un cheque en blanco y no busca arreglar el problema de la vivienda, sino salir a flote de un problema que ellos han generado con su incapacidad, su falta de consensos y sus políticas. Por si eso fuera poco, Nogueras había sido recibida la víspera en el acto de la Pimec con más de un millar de empresarios en el Palau Sant Jordi con un tratamiento especial: fue la única política que fue preguntada por la presentadora con un micrófono inalámbrico con el que iba por las diferentes mesas. ¿Qué va a votar Junts a los decretos? Una respuesta acogida entre aplausos. ¿Muchos? ¿Pocos? Los suficientes para que Junts leyera dónde estaban muchos de los allí presentes.
¿Estamos ante el final de la legislatura? Seguramente no. De esa duda, no obstante, saldremos en las próximas horas o días. Sigo pensando que, para el presidente del gobierno, la mejor opción es llevar la legislatura hasta el final, ya que ninguna encuesta —excepto el voluntarista Félix Tezanos al frente del CIS— le da opción alguna para continuar en la Moncloa. Pero, claro, la nueva derrota en el tema de la vivienda le vuelve a trasladar al gobierno la responsabilidad de no haber logrado los apoyos suficientes para sacar adelante una iniciativa que necesita el aval de las Cortes. Pero los acuerdos se consiguen tras muchas horas de reunión y concesiones mutuas. Intentando armar un bloque que apoye un mínimo común denominador y sin trampas. No presentando decretos de madrugada y no consensuados para aprobar en las 48 horas siguientes. Esto se llamará de muchas maneras, pero es un trágala de una digestión nada fácil para un partido que ya ha demostrado en varias ocasiones que la estrategia de quedar arrinconado contra las cuerdas no le hace cambiar de posición. Lo dije ayer: el único camino es volver a empezar, con unos mimbres diferentes y pactando antes el decreto ley.
