A estas alturas, pocos deben ser los que piensen que, realmente, los movimientos que estamos viendo en el tema de la vivienda tienen algo que ver con solucionar un problema tan enormemente grave como este. Si el gobierno español fuera el equipo directivo de cualquier empresa importante, no podría pasar el filtro de los accionistas si explicara que después de ocho años sin hacer prácticamente nada importante, ahora se le tiene que hacer confianza y aprobar las medidas que propone, sin consenso alguno. Pedro Sánchez, apremiado por los manifestantes, la izquierda de Sumar y Podemos, a los que no les llega la camisa al cuerpo una encuesta tras otra, eso por su flanco izquierdo. Y, en el lado derecho, Junts per Catalunya y PNV, rehenes de las clases medias y de las que no pueden distanciarse más si no quieren llegar a las elecciones en franca desventaja, en un tema que creían tener aparcado y que ahora, tras el denominado caso Maricarmen, ha rebotado con fuerza.
El mago Sánchez, que ha intentado hacer la cuadratura de un círculo imposible, ha fracasado a la hora de aprobar un decreto en el que cupieran derecha e izquierda. Muy a su estilo: yo lo he intentado, son los otros los egoístas que solo piensan en clave electoral. El resultado ha sido que, ante la negativa de los grupos parlamentarios a aprobarlo, ha acabado haciendo dos decretos: digamos, el decreto Mari y el decreto Carmen. Con el primero, dice que trata de contentar a Junts y al PNV sin molestar mucho a los partidos que tiene a la izquierda. Con el segundo, acaba haciendo un cajón de sastre de todas las medidas propuestas por Sumar, Podemos, Esquerra y Bildu que, aunque sabe que no saldrá aprobado, siempre constará que lo ha intentado. Porque la política tiene mucho de postureo, anunciar y anunciar e ir creando cortinas de humo, pensando que así se despista al personal y, quién sabe, nos vamos olvidando de Ceuta, donde la situación de los colectivos sanitarios o de limpieza ya ha dado diferentes alertas.
El mago Sánchez, que ha intentado hacer la cuadratura de un círculo imposible, ha fracasado a la hora de aprobar un decreto en el que cupieran derecha e izquierda
Porque la vivienda no se arregla con un decreto ley, pero Ceuta sí, y en aquel rincón de África hay demasiados compromisos con Marruecos para querer supurar la herida creada. Por eso, un mago como Sánchez se maneja mejor en un problema como el de la vivienda que en Ceuta. En el primero, puede ejercer de prestidigitador, algo que ha demostrado con creces que se le da bien. Porque aquí se dicen muchas cosas y, como el problema es realmente grave, la opinión pública necesita agarrarse a que alguna solución es posible. Y se dicen muchas cosas que no son verdad; lo que sucede es que la política se ha convertido en un debate entre trincheras en que nadie escucha al otro. Por ejemplo, se propaga que el caso Maricarmen ha sucedido porque en abril decayó en el Congreso de los Diputados un decreto ley que contenía medidas en el alquiler en respuesta a las consecuencias económicas y sociales de la guerra de Irán. Esta norma, impulsada principalmente por la formación Sumar dentro del Ejecutivo de coalición, pretendía, entre otras cosas, blindar una prórroga extraordinaria de dos años para los contratos de arrendamiento que finalizaran antes del 31 de diciembre de 2027 y fijar un tope del 2 % en la actualización anual de las rentas.
Pues bien, varios dirigentes de la izquierda han señalado que su aprobación habría evitado casos como el de Maricarmen. Eso es algo absolutamente falso, ya que ese caso de esa persona —el desahucio judicial de una anciana de 87 años, con un piso de alquiler de renta antigua en el barrio del Retiro de Madrid, tras setenta años residiendo en él debido a la extinción legal de su contrato— se habría producido igual. En consecuencia, habríamos tenido el caso Maricarmen, pero eso no ayuda a mantener la tensión existente, ni viene bien al relato. ¿Qué acabará aprobando el Congreso? Lo desconozco, entre otras cosas porque nadie ha explicado lo que ha aprobado este martes el Consejo de Ministros. Incluso la ministra del ramo y portavoz del gobierno ha protagonizado en la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros una situación insólita y ha sido incapaz de explicar los contenidos exactos. Tengo que revisar la última versión y se lo aclaro, dijo la ministra de Vivienda. Con esa respuesta se antoja difícil saber qué harán unos grupos que a las 20 horas no habían recibido los decretos que publicará hoy el BOE.
