Aunque pueda parecer una sorpresa, la renuncia de Lluís Llach a la presidencia de la Assemblea Nacional de Catalunya (ANC) lo es tan solo a medias. Su estado de salud lo obligaba, desde hace tiempo, a reducir el ritmo de trabajo que conlleva un cargo de esta naturaleza, algo a lo que él se resistía por responsabilidad y que ahora, desplazándose a la vicepresidencia, podrá cumplir. Los dos años al frente de la ANC no han sido nada fáciles, ya que desde su posición de independiente ha tenido que lidiar con demasiados obstáculos, tanto externos como internos. De hecho, su tozudez y su insobornable libertad de criterio le han causado más de un disgusto, se ha creado enemigos que antes no tenía y ha acabado dando al traste con más de una relación.

Porque Lluís Llach es una voz absolutamente libre, sin ataduras con los partidos y sin ambiciones políticas. Pocos, muy pocos, pueden decir lo mismo. De hecho, el cantautor se incorporó a este mundo de la política cuando se organizó la candidatura de Junts pel Sí en las elecciones catalanas de 2015, encabezando la candidatura de la circunscripción de Girona. Su absoluta libertad a la hora de posicionarse sobre cualquier tema que afecte a la sociedad catalana le ha provocado varios problemas. Incluso se ha visto reprendido y censurado por algunos que se erigen como baluartes de la libertad. Llach no se ha amilanado y ha mantenido posiciones nítidamente independentistas que ha defendido toda su vida, pero ahora desde la ANC.

El cantautor, curtido en años de protesta contra la dictadura, se ha desesperado estos últimos tiempos ante luchas intestinas en el independentismo que, a la hora de la verdad, solo han beneficiado a los detractores del movimiento

El cantautor, curtido en años de protesta contra la dictadura, se ha desesperado estos últimos tiempos ante luchas intestinas en el independentismo que, a la hora de la verdad, solo han beneficiado a los detractores del movimiento. Y, sin embargo, a pesar de que la causa independentista no pasa precisamente por sus mejores momentos, no ha cejado en su empeño. Es muy posible que, con sus aciertos y sus errores, el catalanismo no haya sabido valorar la generosidad de Lluís Llach en el momento en que brindó su talento y su fama, que va mucho más allá de las fronteras del Estado español, a la causa de la independencia. De hecho, algunos incluso lo han querido ridiculizar. Olvidando que sus canciones en defensa de la libertad se convirtieron en auténticos faros durante la oscura noche del franquismo y han guiado durante décadas a millones de personas, desde los trabajadores de los astilleros de Gdansk en los años 80, hasta la primavera árabe.

Su último posicionamiento público ha sido salir en defensa del president Jordi Pujol ante el escarnio al que le pretende someter la Audiencia Nacional, convocándolo a Madrid el próximo lunes pese a que, como él dice, no le ha votado nunca. De hecho, han estado en las antípodas. No por eso ha rebajado su crítica a la AN, y ha tildado su convocatoria de indecente. A Llach lo va a sustituir el pedagogo gerundense Josep Vila, socio de la ANC desde su fundación en 2012 y activista reconocido en la batalla por la independencia. Será el sexto presidente de la entidad, cargo que antes ocuparon Carme Forcadell, Jordi Sànchez, Elisenda Paluzie, Dolors Feliu y Llach.