Francia se prepara para un sábado diabólico entre el temor a una nueva jornada de saqueos y destrucción en las principales ciudades y la preparación de un despliegue policial con pocos precedentes. En Lyon, las autoridades han prohibido todas las manifestaciones previstas para ese día y en Marsella, la prohibición comprende las manifestaciones declaradas y no declaradas en todo el departamento de Bouches-du-Rhône, por razones de seguridad y el cierre del transporte público de Marsella desde las 5:00 del sábado hasta las 5:00 del domingo, y de la ampliación del toque de queda a los adultos. En París, por ahora, las medidas implementadas hasta la fecha son el toque de queda de 23:00 a 6:00 en los perímetros de la plaza de la République y Les Halles, prorrogado hasta el lunes 26 de octubre por la mañana, y para el sábado 24 se ha autorizado la marcha sindical de Bastilla a Nation, prevista a las 14:00 pero en cambio el recorrido propuesto por los chalecos amarillos, de Bastilla a Ópera, no ha sido autorizado. Aparte de estas tres ciudades, varias más como, por ejemplo, Niza, Toulon, Orleans o Perpignan, tienen anunciadas diferentes medidas especiales para reforzar su seguridad.
El propio Macron, que ha regresado este jueves de su gira por el golfo Pérsico, ha reunido en el Elíseo a los servicios de inteligencia y a varios ministros para revisar los fallos del fin de semana y preparar el dispositivo del sábado. Veremos hasta qué punto la tensión disminuye, pero lo cierto es que hay pocos motivos para el optimismo. Fundamentalmente, porque la reunión política de este viernes ha terminado sin acercar posiciones. Sébastien Lecornu, primer ministro de Francia y jefe del Gobierno, ha centrado la reunión con los partidos en recuperar el orden público y ha rechazado abordar las reivindicaciones sociales. La izquierda liderada por Jean-Luc Mélenchon, la cara visible de la Francia Insumisa, ha salido decepcionada y los representantes del Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, tranquilizados por la respuesta de seguridad. Gérald Darmanin, ministro de Justicia, tiene en estudio nuevas sanciones, entre ellas restricciones de acceso a redes sociales y privación de derechos de voto para quienes incumplan determinadas reglas en las protestas.
No hay avances en ningún punto con los sectores que protestan, empezando por el estudiantil y siguiendo por toda una retahíla de colectivos afectados y que no están dispuestos a rebajar sus movilizaciones
Con este escenario tan preocupante, Francia contiene la respiración, ya que no hay avances en ningún punto con los sectores que protestan, empezando por el estudiantil y siguiendo por toda una retahíla de colectivos afectados y que no están dispuestos a rebajar sus movilizaciones. Eso conlleva que, a menos de 48 horas de la nueva jornada que el país galo va a tener que vivir, se esté ensanchando la distancia entre la respuesta de seguridad y la negociación social. El gobierno concentra sus esfuerzos en evitar otro sábado de saqueos, mientras siguen pendientes las demandas que originaron la movilización. Entre otras cosas, porque no está en condiciones de satisfacer tantos sectores a la vez, ya que no dispone de margen económico, padece una debilidad parlamentaria galopante y el gobierno está atenazado y es incapaz de adoptar decisiones políticas. El primero es, sin duda, el más peliagudo, ya que más gasto exige encontrar financiación. Mejorar escuelas, contratar personal, apoyar a agricultores o aliviar el coste de la vida cuesta un dinero que las arcas francesas no tienen. Con un déficit elevado, aumentar las ayudas obliga a endeudarse más, subir impuestos o recortar otras partidas. Además, el encarecimiento de la financiación francesa estrecha ese margen. Y Europa, lo que le pide es contención, que es justo lo contrario de lo que Francia necesita si quiere aspirar, que a estas alturas ya es mucho, a controlar la revuelta.
El posicionamiento de los medios franceses es enormemente crítico con Macron. Le Monde exige responsabilidad al ejecutivo, diálogo con los sectores movilizados y acuerdos presupuestarios que permitan financiar las respuestas y presenta la crisis como expresión del fracaso de sus dos mandatos. Por su parte, Le Figaro presenta al presidente como un político desbordado que ha perdido autoridad y capacidad de respuesta, aunque, como medio conservador, pone el foco en Mélenchon y el riesgo que atribuye a su hipotética llegada al poder tras las presidenciales de la próxima primavera. Su comentario de apertura se titula "El apocalipsis según Mélenchon", junto a una portada sobre la deriva autoritaria del proyecto del líder izquierdista. Lo cierto es que, aunque Mélenchon está muy cuestionado políticamente, conserva un apoyo electoral importante y mantiene una base fuerte entre jóvenes y sectores populares. Un sondeo de Ifop-Fiducial publicado el pasado día 21 lo sitúa en segunda vuelta, por delante de los centristas Philippe y Attal. Un escenario ideal para Marine Le Pen, que le trituraría: dos sondeos le otorgan una victoria, uno por 68% a 32% y el otro por 69% a 31%.
