La decisión del Govern de ampliar el número de plazas de estudiantes de Medicina en las universidades catalanas, con la voluntad de que en el año 2031 se hayan incrementado las actuales 1.333 en un 52% y 692 estudiantes más, es, sin duda, voluntarista. Tiene una parte positiva, ya que más alumnos catalanes podrán escoger la carrera que desean, pues son muchos los que se quedan fuera de la carrera de Medicina con un número de plazas tan bajo. Pero tiene un triple problema de base que la decisión del Govern de la Generalitat no va a solucionar: el distrito universitario único, el retroceso del catalán y la marcha al extranjero de un número significativo de profesionales que han estudiado en Catalunya.
Por más que el Govern de Salvador Illa amplíe el número de plazas, que en el próximo curso 2026-27 sería de 195 en tres universidades privadas, el gran problema que no se va a resolver es el del distrito universitario único. ¿Por qué? Bien sencillo: un alumno puede realizar su inscripción en cualquier distrito autonómico y así aumenta sus posibilidades de admisión en el grado deseado. En este caso, la siempre codiciada plaza de Medicina. No había sido siempre así, pero en 2001, con el inicio de la segunda legislatura de José María Aznar, la de la mayoría absoluta, se abrió la veda, siendo ministro de Educación Mariano Rajoy, que le daría el pistoletazo de salida, aunque sería Pilar del Castillo quien lo acabaría implementando.
Por más que el Govern de Salvador Illa amplíe el número de plazas de Medicina, que en el próximo curso 2026-27 sería de 195 en tres universidades privadas, el gran problema que no se va a resolver es el del distrito universitario único
Aunque en la práctica fue una clara invasión de competencias, es obvio que las reglas de juego cambiaron en esta materia en 2001; no se ha reconocido nunca así. Las mayorías políticas en España no se han utilizado para eso y es cierto que ha habido siempre ruido mediático sobre el particular, pero en ninguna negociación de las de verdad, que acaban siendo siempre las de investidura de un presidente del gobierno, los partidos independentistas o catalanistas la han situado como uno de los temas irrenunciables. Quizás es ahora, con el paso de los años, que se ve en toda su dimensión el destrozo que supone el distrito universitario único y es cuando se ha intentado, sin éxito, que, al menos, se hiciera una reserva de plaza del 80% en carreras como Medicina. Pero han acabado todas las iniciativas sin éxito alguno.
En estos momentos se estima que el 40% de los estudiantes que cursan la carrera de Medicina son de fuera de Catalunya, y ello acaba teniendo un peso determinante en la dinámica del cambio de lengua en la explicación de las asignaturas. Este porcentaje medio es incluso superior en la Universitat de Lleida o en la Rovira i Virgili, de Tarragona, llegando al 65%-70%. Como, además, no hay un requisito previo de conocimiento del catalán, el resultado es el conocido. En resumen, menos plazas para los alumnos catalanes, menos uso del catalán y todo ello se remata con una gestión infernal de la Administración, tanto española como catalana, para retener el talento formado, que, con los sueldos tan bajos que existen actualmente, acaba yéndose en muchos casos al extranjero.
Lo ha dicho también el Col·legi de Metges de Barcelona, que, tras el anuncio del president Illa, ha celebrado los pasos dados por el Govern, pero ha puesto el acento en que no se podrán formar los médicos que se necesitan si el 40% de las plazas están ocupadas por estudiantes de otras autonomías. Para ello ha pedido un cambio que permita que alumnos que hayan realizado el bachillerato en Catalunya, con vocación y buenos expedientes, puedan acceder a estas plazas de Medicina, ya que son los estudiantes que, con más posibilidades, querrán quedarse aquí a ejercer la medicina. La solución es relativamente sencilla, pero falta la voluntad política.