Después del triste espectáculo del PSOE el pasado sábado, los socialistas se levantaron este domingo con sensación de resaca, mucho más débiles electoralmente y también menos creíbles políticamente. Un juguete roto en manos del PP que puede escoger entre pactar con los socialistas que para eso han destronado a Pedro Sánchez en un golpe incruento Susana Díaz y otros barones, o ir a terceras elecciones y clavarle literalmente la puntilla. Seguro que hay gente en el Partido Popular que piensa en eso en estos momentos pero lo más probable es que Mariano Rajoy se conforme con la primera opción. Un PSOE rendido será suficiente.

La política española entra en una nueva era donde el PP, pese a sus problemas judiciales, vuelve a ser la fuerza central de la política española una vez han quedado desarbolados no solo el PSOE sino también Ciudadanos, que hará bien en cuidar su fortín catalán ya que los resultados de Euskadi y Galicia -con sendos ceros en el casillero- expresan claramente cuales son hoy sus opciones reales de crecimiento en la política española. Podemos, la fuerza política llamada a ocupar el espacio de la izquierda española, aparece aún como una organización demasiado inmadura y con serias limitaciones de crecimiento. El ciclo económico en España tampoco parece que le vaya a jugar claramente a favor en el futuro.

El PSOE, cuya gestora celebrará este lunes su primera reunión, dispone de tres semanas largas para mover el timón en que había situado el partido Pedro Sánchez. O lo que es lo mismo, pasar de aquel "no es no, ¿qué parte del no no entiende?", con el que fijó su posición ante Mariano Rajoy, a una abstención matizada con el argumento de que en estos momentos lo prioritario es un gobierno en España y no pensar en el partido. Palabras huecas de quien se ha situado ante el abismo y que solo puede escoger una muerte dulce. El resto, qué pasa con los votos de sus diputados, ya lo han escogido los demás por él.