Trotsky y Demon también tuvieron un papel en la historia del Camp Nou, aunque nunca persiguieron un balón para marcar un gol. Estos dos rottweilers formaron parte del dispositivo de seguridad del estadio durante los años noventa. Su cometido era disuadir a los aficionados que pudieran intentar acceder al terreno de juego. La presencia de los animales respondía a un cambio concreto en la estructura del campo: la desaparición del foso.
Las obras realizadas durante el verano de 1994 eliminaron aquella separación entre las gradas y el césped. Sin esa barrera, el Barça reforzó la vigilancia para prevenir posibles invasiones. En la temporada 1994/95 incorporó cuatro perros al dispositivo de los días de partido. La historia, recuperada por el propio club en un recopilatorio de anécdotas de su 125 aniversario, recuerda una solución que terminó dejando dos nombres reconocibles entre los seguidores azulgranas.
De cuatro perros a dos guardianes conocidos por la afición
Cinco años después de su incorporación, el buen comportamiento del público permitió reducir el grupo. Trotsky y Demon fueron los dos rottweilers que continuaron desempeñando aquella función. En 1999 su presencia ya resultaba familiar para los espectadores. Incluso podían dejarse fotografiar con aficionados fuera del terreno de juego, donde su trato con los seguidores era distinto al que mantenían mientras estaban trabajando junto al césped.
El responsable de su adiestramiento era Pedro Viudes Jiménez, que defendía la obediencia como base de su trabajo. “Están entrenados para disuadir”, explicaba en aquel reportaje del diario deportivo. También subrayaba la responsabilidad de quienes los educaban y manejaban. Fuera del campo podían recibir caricias, pero durante el servicio sobre el césped no se permitía ese contacto. La distinción formaba parte de unas pautas que su responsable consideraba fundamentales para mantenerlos bajo control.
El balón que acabó en las fauces de uno de ellos
El recuerdo más llamativo que recoge el Barça tiene precisamente una pelota como protagonista. En una ocasión, un balón golpeó accidentalmente a uno de los perros y el animal reaccionó ensañándose con el esférico delante de los espectadores. El club incluyó el episodio como una demostración inesperada de su capacidad disuasoria. No identifica cuál de los dos protagonizó aquella escena, que añadió una anécdota singular a su paso por el estadio.
La hemeroteca también deja constancia de una intervención durante el primer año del dispositivo, después de producirse una avalancha. El balance publicado en 1999 era positivo y presentaba a los dos perros como unos vigilantes que conocían su función. Trotsky y Demon quedaron así ligados a una etapa concreta del Camp Nou, cuando la retirada de una barrera física llevó al club a incorporar guardianes de cuatro patas junto al terreno de juego.
