Ronaldo Nazario, una de las grandes leyendas del fútbol moderno, ha repasado su trayectoria en una entrevista en Charla Podcast y lo ha hecho sin filtros. El exdelantero del Real Madrid y del Barça ha hablado de sus noches de fiesta, de su relación con los entrenamientos y también del calvario con las lesiones que marcaron su carrera.
El brasileño, que ganó dos Mundiales y dos Balones de Oro, ha reconocido que durante su etapa en el Santiago Bernabéu vivió intensamente fuera del campo. "Estuve en todas. Jugaba el sábado y después me iba a París. Pasaba el domingo allí y por la noche salía de fiesta. A las siete de la mañana cogía el avión a Madrid, llegaba a las nueve y a las diez ya entrenaba. Eso lo hice muchas veces", ha explicado. Para él, el ocio era una parte indispensable de su equilibrio personal: "En la ciudad donde juegas, o haces una fiesta en casa o firmas tu muerte. Por eso me diversifiqué y viajaba. Siempre he sido de organizar fiestas y de asegurarse de que todo el mundo fuera feliz", ha añadido.
Ronaldo también ha recordado una anécdota con Vampeta, compañero suyo en el Inter de Milán, que acabó con la pérdida de una botella muy especial. "Tenía una bodega con 100 botellas y se las bebió todas en dos semanas. Incluso abrió una de 1976, que había comprado en París por 10.000 euros. Era un vino que quería conservar, pero él y sus amigos lo tomaron en vasos de plástico, con hielo", ha relatado entre carcajadas.
Ha hablado sobre su calvario con las lesiones
En la misma entrevista, Ronaldo ha hablado también de su largo historial de lesiones. Ha recordado especialmente los problemas en la rodilla que empezaron después del Mundial de 1998. "Al principio era una tendinitis leve, pero en 1999 se agravó. En el Inter cometimos un error al coser solo parcialmente el tendón, y seis meses después se rompió completamente", ha explicado. El momento de la ruptura todavía lo tiene grabado. Sentí como si me hubieran tirado una piedra o un tiro. Me caí y puse la mano en la rodilla. Empecé a llorar, no de dolor, sino de miedo. Pensé que mi carrera y mi vida se habían acabado", ha confesado.
También ha tenido palabras para una de las entradas más duras que sufrió. "Fue en un amistoso Benfica-Cruzeiro en el Estádio da Luz. Mozer jugaba con tacos de aluminio larguísimos, parecía Robocop. Aquella fue la entrada más criminal que recibí en mi carrera", ha relatado.

"Entrené mucho..."
A pesar de su fama de noctámbulo, el brasileño ha querido remarcar la dedicación que puso en su carrera. "La gente me dice mucho que era un animal físicamente, que era un regalo. Entrené mucho, nadie llega tan deprisa sin entrenar. No es solo un regalo: si pones delante a Usain Bolt y le dices que decida, no hay bastante. Para llegar y mantenerte tienes que trabajar lo técnico, lo táctico y lo físico," ha subrayado.