En el Barça empiezan a surgir pequeños ruidos internos que no gustan a todos los integrantes del vestuario. No se trata de un conflicto abierto, pero sí de un malestar creciente entre varios jugadores por el trato diferencial que Hansi Flick estaría dando a Lamine Yamal. Uno de los futbolistas que peor está encajando esta situación es Raphinha, que considera que ese trato de favor no es positivo para el colectivo.
La relevancia de Lamine es incuestionable por todo lo que implica dentro y fuera del terreno de juego, pero dentro del vestuario hay quien empieza a pensar que se están cruzando ciertas líneas rojas. El brasileño no discute el nivel del canterano ni su importancia, pero sí la manera en la que se le gestionan determinadas decisiones que, según él, no se aplican al resto de jugadores del Barça.
El detalle de los cambios que ha encendido el malestar
El punto que más ha molestado a Raphinha y a otros jugadores, tiene que ver con los cambios durante los partidos. Flick consulta directamente a Lamine Yamal si quiere salir del campo o si quiere continuar hasta el final. Una deferencia que no se tiene con los demás, ni siquiera con veteranos o titulares habituales como el mismo Raphinha o Lewandowski.

Y es que, mientras al resto se les comunica el cambio sin más, con Lamine hay diálogo y cierta flexibilidad. Ese gesto se interpreta como un trato de estrella. Raphinha considera que eso rompe uno de los principios de igualdad que se implantó con la llegada de Flick. El brasileño, que ha asumido rotaciones, suplencias y cambios sin protestar, no entiende por qué a unos se les exige disciplina total y a otros se les permite decidir.
Flick, Lamine y el riesgo para el vestuario
Raphinha cree que Flick se equivocaría en este punto. No porque Lamine no lo merezca futbolísticamente, sino porque ese tipo de privilegios no ayudan al colectivo. Además, hay preocupación por el precedente que se está creando. Si un jugador puede decidir cuándo salir del campo, los demás podrían comenzar a poner caras largas al ser cambiados y eso es un problema.
El brasileño no es el único que piensa así, aunque sí uno de los más molestos por ello. Por ahora, el asunto no ha llegado lejos ni parece que pase de eso, pero Flick hará bien si lo tiene en cuenta. Así pues, Flick debe gestionar a una joya como Lamine sin romper los equilibrios. Porque en el Barça, el talento suma, pero el vestuario, cuando percibe agravios, también pasa factura.