Pep Guardiola vuelve a estar cerca de un banquillo, aunque esta vez el escenario no sería un club. La Federación Italiana de Fútbol ha confirmado conversaciones con el técnico catalán para que se convierta en nuevo seleccionador de Italia. Giovanni Malagò, presidente de la federación, ha reconocido que el diálogo está abierto y que podrían hacerse excepciones económicas para intentar convencerlo.
La operación todavía no está cerrada, pero la federación italiana quiere avanzar rápido. Italia viene de quedarse fuera del Mundial de 2026 y necesita reconstruir un proyecto que ha perdido peso internacional. Guardiola aparece como el nombre capaz de liderar una transformación profunda, recuperar competitividad y preparar a la selección con un objetivo: volver a ser protagonista en el Mundial de 2030.
Italia quiere construir alrededor de Guardiola
Malagò ha admitido que el presupuesto supone una dificultad, pero también ha dejado claro que Guardiola merece un esfuerzo extraordinario. La federación estudia fórmulas para encajar su salario y ofrecerle un proyecto con autonomía deportiva. La presencia de Paolo Maldini en la nueva estructura técnica también ayudaría a construir un entorno atractivo para un entrenador acostumbrado a trabajar con proyectos definidos.

Guardiola, por su parte, había planteado tomarse un descanso después de cerrar su etapa en el Manchester City. Sin embargo, dirigir una selección cambia las exigencias del calendario. No tendría la carga diaria de un club, podría trabajar por bloques y dispondría de cuatro años para reconstruir una Italia golpeada después de volver a quedarse fuera de una Copa del Mundo.
El Mundial de 2030 es el gran objetivo
El proyecto tendría una meta evidente. Italia necesita clasificarse para 2030 y regresar al primer nivel después de ausentarse de tres Mundiales consecutivos. Guardiola tendría tiempo para renovar la plantilla, introducir su modelo de juego y construir una generación capaz de competir contra las grandes selecciones europeas y sudamericanas. Su conocimiento del fútbol italiano, además, facilita una adaptación que en otros destinos sería más complicada.
Todavía existen alternativas como Roberto Mancini o Andrea Pirlo y Malagò insiste en que nada está decidido. Pero la confirmación pública de las conversaciones convierte a Guardiola en mucho más que un sueño. La FIGC está negociando de verdad y está dispuesta a modificar su presupuesto para intentarlo. Si las conversaciones terminan bien, Pep volverá al banquillo antes de lo esperado, esta vez con una selección histórica y cuatro años para preparar su gran examen: devolver a Italia a un Mundial en 2030 y hacerlo compitiendo nuevamente por el título.