La posible venta de Ferran Torres empieza a generar división dentro del vestuario del Barça. Mientras la dirección deportiva contempla escuchar propuestas si aparece una oferta importante, varios pesos pesados prefieren que el valenciano continúe. Lamine Yamal, Pedri o Eric Garcia están entre quienes consideran que desprenderse de él sin tener cerrado un sustituto claramente superior sería un error deportivo.
La postura nace de lo que Ferran aporta dentro del campo. No es únicamente una alternativa para el puesto de nueve o para las bandas. Sus desmarques constantes, la presión y la capacidad para atacar espacios facilitan el juego de compañeros como Lamine y Pedri. Además, conoce los automatismos de Flick y no necesita un periodo de adaptación.
Lamine, Pedri y Eric quieren que continúe
Lamine valora especialmente los movimientos de Ferran para generarle espacios. El valenciano arrastra centrales, ataca el primer palo y libera zonas interiores para que el extremo pueda conducir o combinar. Pedri también agradece tener delante un atacante que interpreta rápido los pases verticales y convierte cualquier espacio libre en una carrera hacia el área rival.

Eric Garcia, además, mantiene una relación cercana con Ferran y conoce su importancia en el grupo. Dentro del vestuario se aprecia su actitud incluso cuando no parte como titular. No genera conflictos, acepta distintos papeles y mantiene intensidad en los entrenamientos. Para varios compañeros, venderlo únicamente para obtener ingresos obligaría después a encontrar un jugador que ofrezca las mismas soluciones.
El vestuario choca con los planes del club
La dirección deportiva, sin embargo, debe valorar también el mercado. Ferran termina contrato en 2027 y una oferta elevada podría ayudar a financiar otras operaciones. El Barça necesita margen salarial y recursos para reforzar posiciones prioritarias, por lo que ningún escenario puede descartarse si aparece un comprador dispuesto a acercarse a la valoración fijada.
El problema es que el vestuario no quiere perder una pieza útil para sustituirla por una incógnita. Lamine, Pedri y Eric representan una opinión compartida por más jugadores: Ferran debe seguir salvo que llegue alguien indiscutiblemente mejor. Flick también conoce su valor táctico y sabe que una temporada larga exige profundidad. El club puede ver una oportunidad económica, pero sus compañeros ven un futbolista que facilita el juego colectivo. Esa diferencia amenaza con convertir una operación de mercado en un debate interno mucho más delicado de lo previsto. Y eso pesa porque nadie garantiza que el próximo delantero entienda desde el primer día los movimientos que ya dominan entre ellos.