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Ebrima Tunkara comparte con Lamine Yamal un vínculo que despierta ilusión en el entorno azulgrana: Mataró. El centrocampista, nacido en Gambia y criado en la ciudad desde los siete años, está dando pasos para acercarse al primer equipo del Barça. A sus 16 años, combina potencia, una zurda desequilibrante y capacidad para superar rivales conduciendo. Su progresión lo sitúa entre los nombres más interesantes de la Masía.

Su recorrido empezó en el barrio de Cerdanyola en Mataró, antes de incorporarse al fútbol formativo azulgrana en la temporada 2018-2019. La adaptación exigió tiempo, también por las dificultades con el idioma, pero terminó mostrando las condiciones que explican su crecimiento. Debutó con el Barça Atlètic con 15 años y tiene contrato hasta 2029. La conexión con Lamine está en la ciudad donde crecieron y en su formación azulgrana.

Potencia y talento para romper líneas desde dentro

En este sentido, Tunkara ofrece un perfil diferente al del extremo. Su posición principal es la de centrocampista ofensivo, aunque también puede intervenir desde zonas abiertas. Destaca por proteger la pelota, arrancar con fuerza y avanzar superando adversarios. Esa conducción permite romper líneas y acercar el balón al área. Además, tiene recursos para asociarse y encontrar espacios desde los que generar ocasiones o incorporarse al remate.

Ebrima Tunkara entrenament Barça / Foto: FC Barcelona

Su proyección también ha encontrado reconocimiento internacional. Fue elegido mejor jugador del Europeo sub-17 de 2026, una distinción que refuerza las expectativas alrededor de su nombre. Destaca su capacidad para amenazar tanto en espacios reducidos como abiertos. Esa combinación resulta valiosa: puede intervenir cuando el partido exige precisión entre rivales y también cuando aparece terreno para acelerar y atacar una defensa que empieza a retroceder.

Flick ya ha podido observarlo de cerca

De esta manera, la pretemporada con Hansi Flick supuso un avance importante en su recorrido. Trabajar con los mayores permite medir la velocidad de decisión, las exigencias sin balón y la capacidad para repetir esfuerzos. Después llegó un contratiempo: una lesión ligamentosa en el tobillo izquierdo lo apartó unas seis semanas. En octubre recibió el alta y volvió a estar disponible para competir con el filial.

Así pues, imaginarlo aspirando algún día al Golden Boy expresa la ilusión que genera su potencial. Para convertir esa expectativa en realidad necesita continuidad, aprendizaje y oportunidades. Mataró vuelve a aparecer en el camino de una promesa azulgrana; Tunkara tiene argumentos para construir su propia historia.