¿Qué pasó cuando los marroquíes decidieron expulsar a los españoles del Rif? (y II)

Madrid, 8 de diciembre de 1922. Hace 104 años. El nuevo gobierno liberal, presidido por Manuel García Prieto y con Niceto Alcalá-Zamora como ministro de Guerra, encargaba al empresario vasco Horacio Echevarrieta —uno de los hombres más ricos del Estado español y amigo personal de Alfonso XIII— la misión de negociar el rescate de los 4.600 soldados de leva y oficiales españoles, supervivientes de la derrota de Annual (22 de julio de 1921) y prisioneros del ejército de Abd al-Karim. El nuevo gobierno de García Prieto enmendaba la plana al anterior Ejecutivo del conservador Maura, que se había negado a negociar un rescate, argumentando que los prisioneros españoles no se compraban, sino que debían ser liberados con el honor y con las armas. Con otro baño de sangre.

¿Quién era Horacio Echevarrieta?

La influencia de Echevarrieta en el Rif era tan potente y efectiva que su amigo Alfonso XIII no dudó en proponerlo como comisionado (naturalmente, cobrando los honorarios correspondientes) en la misión de negociar el rescate de los 4.600 prisioneros españoles. Es decir, para poner fin a la humillación española de Annual. La importancia de aquella misión se pone de relieve cuando sabemos que Echevarrieta fue autorizado a fijar una cantidad por los rescates con cargo a los Fondos Reservados del Estado. Y cuando sabemos que entregó cuatro millones de pesetas a Abd al-Karim (el equivalente actual a unos doce millones de euros) en monedas de plata sin ningún recibo acreditativo. Únicamente partiendo de la confianza que se profesaban mutuamente. Ciertamente sospechoso.

Echevarrieta i Abd el Karim / Font: Euskomedia Fundazioa
Echevarrieta y Abd el Krim / Fuente: Euskomedia Fundazioa

¿Por qué Echevarrieta era tan influyente en el Rif?

La investigación historiográfica sitúa a Echevarrieta en una posición discreta pero decisiva en el tráfico que proveía de armamento a la rebelión de Abd al-Karim. Poco antes y a la conclusión de la I Guerra Mundial (1918), Echevarrieta había creado una industria armamentista en Cádiz que suministraba, ilegalmente, armamento al derrotado Estado alemán, que no tenía autorización de las potencias ganadoras del conflicto para rearmarse. Las armas que llegaban al ejército de Abd al-Karim venían en buena parte del mercado negro alemán, y desde la fábrica hasta las manos de los guerreros de las "cabilas" dibujaban una curiosa ruta que empezaba en Cádiz, pasaba por el País Vasco y por Alemania, y acababa en el Rif.

¿Por qué el Gobierno español confía en un contrabandista como Echevarrieta?

Echevarrieta es la figura que personifica aquella colosal trama de corrupción. Con independencia de su grado de implicación, que de acuerdo con los hechos debía ser enorme, el amigo de Alfonso XIII y comisionado del Gobierno español se revela como un negociante astuto y sin escrúpulos, perfectamente capaz de culminar con éxito aquella misión. Además, Echevarrieta era de los que "no ponen todos los huevos en el mismo cesto". Amigo íntimo del monarca, muy bien relacionado con la oligarquía bancaria y funcionarial de Madrid y con las élites políticas de los partidos dinásticos (liberales y conservadores), sería, también, padrino político... ¡Oh, sorpresa!, de Indalecio Prieto, la estrella emergente del PSOE y futuro ministro de Hacienda del primer gobierno de la II República (1931).

Alfons XIII i Primo de Rivera
Alfonso XIII y Primo de Rivera

El Informe Picasso

El Informe Picasso, encargado después de la derrota española de Annual (1921) por Luis de Marichalar —ministro de Guerra del gobierno conservador de Maura y bisabuelo del contemporáneo Froilán Marichalar—, y llamado así por su redactor, el general Juan Picasso González, era una bomba que amenazaba el núcleo del poder español. Y fue enterrado en un cajón. Nunca llegó a las Cortes. Oculto por los gobiernos de turno (1921-1923), por el régimen dictatorial de Primo de Rivera (1923-1930/31), por el de la II República (1931-1939) y por el de la dictadura nacionalcatólica de Franco (1939-1975/78), el Informe Picasso es uno de los elementos más representativos de la cultura política de la España atávica y eterna concebida al servicio de los "amos del cortijo".

La revuelta de Abd al-Karim, el fin del régimen dinástico de 1874

Para silenciar aquel informe, los árbitros de la trama impusieron unas servidumbres que pagarían los beneficiarios más expuestos. Y esto explicaría el golpe de Estado de Primo de Rivera (septiembre, 1923), perpetrado con una facilidad asombrosa y con la entusiasta colaboración de Alfonso XIII, que precipitaría el fin del régimen de 1874 y el de los decrépitos partidos dinásticos que se habían alternado en el poder durante medio siglo. En cambio, otros cobraron por colaborar con aquella "omertá". Y esto podría explicar por qué el PSOE fue —con su sindicato UGT— la única organización de tradición democrática que, muy sospechosamente, no solo nunca fue perseguida por la dictadura, sino que además participó en su aparato de gobierno.  

El dictador Primo de Rivera i els seus col·laboradors  el lider del PSOE Besteiro i el lider la UGT Largo Caballero / Font: Wikimedia Commons
El dictador Primo de Rivera y sus colaboradores, el líder del PSOE Besteiro y el líder de la UGT Largo Caballero / Fuente: Wikimedia Commons

Horacio Echevarrieta, Indalecio Prieto... y el president Macià

Pasados diez años, y con el régimen monárquico y dictatorial muerto y a punto de sepelio (abril, 1931), el astuto Echevarrieta se proclamaría republicano y, con un clarísimo interés, empujaría a su ahijado político al poder. Indalecio Prieto (PSOE) se convertiría en ministro de Hacienda del primer gobierno de la II República (abril-diciembre, 1931), y desde la atalaya del poder, urdiría una maniobra de Estado que provocaría la quiebra del Banco de Reus, la principal entidad financiera catalana, la piedra en el zapato del padrino banquero Echevarrieta, y la institución que el president Macià y sus propietarios (los banqueros Fàbregas y Recasens) habían destinado a convertir en el banco nacional de Catalunya. En la "llave del cajón" del dinero de los catalanes.

¿Qué consecuencias se derivaron de la rebelión de Abd al-Karim?

La última fase de la Guerra de África (1924-1927) viviría su momento culminante con el desembarco español de Alhucemas (8 de septiembre de 1925). Hasta la conclusión del conflicto (julio, 1927), el ejército español emplearía métodos de una brutalidad extrema. Por ejemplo, la aviación española convertiría a la población en objetivo y bombardearía con gas mostaza los pueblos —sobre todo durante la celebración de los mercados semanales— y los campos de cultivo y los ríos —para envenenar la cadena de alimentación—. O, por ejemplo, Franco y Millán-Astray —fundadores de la legión— pondrían en práctica una brutal estrategia de guerra psicológica consistente en arrasar pequeños pueblos, ejecutar prisioneros o exhibir las cabezas cortadas de los rivales muertos en combate.

Echevarrieta i Prieto / Font: Museu Maritim de Bilbao i Enciclopèdia Catalana
Echevarrieta y Prieto / Fuente: Museo Marítimo de Bilbao y Enciclopedia Catalana

¿Y qué otras consecuencias?

La brutalidad en aquel conflicto no era exclusiva de los españoles. Durante décadas, los supervivientes de Annual explicarían que, en aquella batalla (13.000 muertos españoles) los rifeños se lanzaron a la caza de los soldados heridos españoles y los remataron amputándoles los genitales. Era una macabra burla a la testosterona española, elevada a la categoría de virtud por los mismos oficiales del ejército español. Pasadas décadas, estos supervivientes explicaban que tenían, todavía, clavados en la mente los gritos desesperados de aquellos soldados abandonados y moribundos, que llamaban "madre, madre", o "mare, mare" porque en aquella masacre había muchos chicos —soldados de leva— catalanes, valencianos y mallorquines.

El Rif, el huevo de la serpiente

Pero la peor consecuencia de aquella crisis sería la formación de una generación de oficiales del ejército que, forjados en aquel brutal escenario, nueve años más tarde (1936) perpetrarían un golpe de Estado que provocaría una Guerra Civil que se saldaría con centenares de miles de muertos. La última fase de la Guerra del Rif (1924-1927) reuniría una serie de factores que ilustran a la perfección la evolución de los posteriores conflictos españoles: la aparición de una generación de oficiales de ideología nacionalista española —llamados "africanistas"— que en el Rif se creían llamados a lavar la humillación española en Cuba (1898), y que en la Guerra Civil (1936) se creían llamados a restaurar la España imperial de los Reyes Católicos y de la Monja Alférez.

Franco y Millan Astray (1926) destacados paradigmas de la generación de militares africanistas / Fuente: Biblioteca Nacional de España
Franco y Millán-Astray (1926) destacados paradigmas de la generación de militares africanistas / Fuente: Biblioteca Nacional de España

La lección de la historia

El eje formado por Alfonso XIII, Güell, Romanones y los banqueros de Madrid, por la corrupción que uniría las fábricas de armamento, los contrabandistas andaluces y la parte más podrida del aparato colonial español en el Rif, por conservadores, liberales, Primo de Rivera, el PSOE y la UGT, por Franco, Millán-Astray y los "africanistas", y por Echevarrieta y Prieto, formaría un cóctel letal que marcaría la historia del siglo XX español. La pregunta que, inevitablemente, aparece en escena es: ¿qué ocultan las tapas de las alcantarillas de Ceuta? ¿Por qué el poder español —en masa— se ha sentado encima para impedir que salten? ¿Qué pasará cuando salten y la columna eruptiva muestre lo que se ocultaba? Tic, tac, tic, tac. El reloj de Deulofeu.