La editorial Espada acaba de publicar Imperio. De los tercios españoles ala América Hispana, un libro ilustrado por el pintor Augusto Ferrer-Dalmau que constituye una apología del colonialismo y del militarismo. Un libro que habla de la historia del ejército de España hasta el siglo XVIII, pero que contiene un claro mensaje dirigido al presente: Ferrer-Dalmau afirma que usa los pinceles como "armas para dar a conocer nuestra gloriosa historia militar", porque "Quiero que los españoles ientan orgullo". Al final del libro, el mensaje subliminal queda diáfanamente claro. Se argumenta que la "leyenda negra" se hace patente, también, en "la construcción de las nuevas identidades periféricas". Para Imperio sólo hay una identidad de verdad, la española, y esta se defiende por la fuerza de las armas.

Un texto para un estilo

Uno de los misterios de este libro es que si bien en portada figura el nombre de Augusto Ferrer-Dalmau en un formato que da a entender que es el autor de las pinturas y del texto, en el interior se indica que María Fidalgo-Casares es la responsable de la "Edición y fijación del texto". En realidad, en el libro se habla más de historia militar que de pintura e intenta ser una historia del ejército español y no un estudio sobre la obra de Ferrer-Dalmau. El libro adopta un lenguaje belicista y deja bien claro sus vínculos con el nacionalismo español: "La idea de imperio aparece unida al surgimiento de la nación española, cuando un pueblo adquiere el sentimiento de pertenencia a una comunidad y en un territorio: Hispania", advierte en las primeras páginas. España tendría una esencia inmutable, vinculada a la romanización, al cristianismo y una lengua, la española; en este contexto Al-Andalus no sería más que un paréntesis después del cual "se recuperaríala unidad perdida".

La "gesta"

Según Imperio, la conquista de América habría sido un "proceso civilizatorio", una "epopeya heroica", compuesta de "proezas inimaginables", una "gigantesca empresa, sin parangón en la historia". El "descubrimiento" "supuso la ampliación del mundo hasta entonces conocido", lo que supone precindir por completo de si los habitantes de América conocían alguna cosa o no. En realidad, argumenta que el imperio español fue "generador" (a diferencia de los "depredadores") porque "traspasó" su cultura. Al fin, llega a la conclusión que nunca hubo ni genocidio, ni conquista, porque todo se limitó a unas "guerras civiles" entre bandos de indígenas americanos, uno de ellos liderado por españoles.

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El supremacismo hispano

El texto d'Imperio insiste en varias ocasiones en el hecho de que es la especificidad del carácter nacional español lo que hace que los ejércitos español venzan determinados combates. De hecho, apunta que la conquista americana sólo fue posible por la "férrea personalidad de los conquistadores". Gracias a ellos, los "indígenas" habrían accedido a los "legados" de "la lengua y la cultura castellanas y la religión católica", supuestamente superiores a las lenguas, culturas y religiones locales. España habría conseguido que unos "pueblos en la Edad de Piedra adquirieron un progreso económico". Cuando en la obra se habla de la "reconquista", se califica a algunos luchadores musulmanes de "fanáticos voluntarios"; los soldados españoles, en Imperio, nunca son fanáticos, son "valerosos". Y, de hecho, no se tiene ninguna duda de que España es un Estado superior a todo el resto, según este texto. Mientras durante el Renacimiento "los Estados actuarán según sus intereses particulares, España fue la única que conservó un sentido trascendente e identificó los suyos propios hasta con el universalismo y la unidad de la fe". Incluso se hace constar que el Apóstol Santiago se apareció en 14 ocasiones a tropas españolas entre 1518 y 1898.

¿Realismo?

En el libro se ensalzan las obras de Ferrer-Dalmau apelando a su realismo. En realidad, nada más alejado de la realidad. Las escenas de batallas de este pintor se convierten en auténticos posados destinados a crear una imagen de heroicidad; incluso los cadáveres están esmeradamente colocados para dar un toque épico a la escena. En las escenas de lucha en campo abierto, los soldados llevan uniformes impolutos de colores llamativos con llamativos complementos, y Cervantes, a la batalla de Lepanto, se mantiene bien tieso pese a sufrir una herida. Los cuadros de Ferrer-Dalmau parecen más catálogos de moda renacentista que no reproducciones realistas de batallas. En la guerra de Imperio puede haber muerte y destrucción, pero nunca se encuentra ni miedo, ni humiliación, ni indignidad, ni injusticia...

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Presente y pasado

El texto hace frente a las críticas al imperialismo español alegando que no se puede valorar sus actuaciones con criterios del presente. Por lo tanto, no pueden tomarse en cuenta valores como la solidaridad, la justicia o la libertad. En cambio, se ensalzan continuamente otros valores, supuestamente intemporales y univerales, como "la lealtad, la honra, el honor, la glorificación guerra." Eso sí, Imperio apunta que es una falacia que los miembros de los tercios fueran "pendencieros"; eso sería un invento difundido por la "historiografía anglosajona y francesa". Eso sí, reconoce que en algunos casos los combatientes de los tercios se dejaron vencer por la "furia española" (literalmente), indignados por el impago de las soldados.

Retorno a la "leyenda negra"

El texto se acaba con un capítulo dedicado a la "leyenda negra" en que se argumenta que todas las críticas a la actuación del ejército español procederían de la "hispanofobia". Se basarían en falsedades o en "hechos distorsionados" que sólo pretenderían aventajar a los rivales de España y enmascarar "la intolerancia de los países protestantes". El libro se refiere a "el expolio perpetrado por otras potencias" sin ni siquiera admitir en ningún punto la existencia de un expolio español. Cuestionar el papel de España y de su ejército en la historia sería, directamente, formar parte de la Antiespaña.

Ferrer-Dalmau y un ejército sin transición

Imperio trata de minimizar las actuaciones del ejército español dentro de las fronteras del Estado y prefiere centrarse en las actuaciones al exterior. En realidad, sorprende que se diga que el Tratado de Utrecht, de 1713, "sellará la paz" en la Guerra de Sucesión, cuando todavía faltaban los episodios más violentos del asedio de Barcelona. Ferrer-Dalmau ha acumulado condecoraciones de diferentes unidades militares y de la Guardia Civil. Un reflejo de hasta qué punto el ejército español, hasta hoy, está bien lejos de los referentes democráticos que se le tendrían que suponer a un cuerpo público en un estado democrático.

Revival imperial

Imperio se enmarca dentro de una oleada de exaltación del imperio español, que va desde las novelas de Arturo Pérez-Reverte (citadas, más de una vez como fuente "seria" por Fidalgo-Casares) hasta la película Magallanes, pasando por las publicaciones de Elvira Roca Barea (elogiadas por el ministro Josep Borrell, el minimizador del genocidio norteamericano). Desde algunos sectores del nacionalismo español, el orgullo de ser español iría vinculado a la reivindicación de la expansión territorial de España gracias al ejército. Pérez-Reverte aseguraba que "nadie, que yo sepa, pinta España como Ferrer-Dalmau" y exaltaba se "admirable ausencia de complejos". Esto quiere decir, en realidad, que Imperio y la obra de Ferrer-Dalmau argumentan la superioridad de los españoles y ensalzan el uso sistemático de la fuerza, por sí misma. La ultraderecha no sólo está creciendo en las urnas, sino también en los estantes de las librerías.