Fuego, decibelios, luces, más fuego y emoción ha sido el obsequio de Rammstein a sus seguidores, un éxtasis para todos los sentidos que ha hecho disfrutar y enloquecer a sus fans en el RCDE Stadium de Cornellà-El Prat (Barcelona), la única parada en el Estado de su gira por estadios.

Tras diez años, la banda alemana de metal industrial ha sacado nuevo disco de estudio, con título homónimo al nombre del grupo, Rammstein, y lo ha presentado esta noche ante 35.000 incondicionales, que agotaron las entradas hace meses y que ansiosamente han esperado el momento.

El templo de la "maravillosa minoría" blanquiazul, ha acogido hoy a otro colectivo que, con su equipación de negro, también ha mostrado con orgullo su fidelidad a unos principios, los del metal, que se mantienen inalterables a las pasajeras modas y que transmiten a sus vástagos.

Referencias al régimen nazi

Rammstein arrancó su gira de presentación el pasado 27 de mayo en Alemania y tocará en más de veinte ciudades presentando su disco homónimo, que no ha estado exento de controversia por los videoclips con estética o referencias al régimen nazi de los dos primeros 'singles'.

Además del gusto por la polémica, que alimentan también con sus explícitas referencias sexuales o violentas, otro de los rasgos distintivos de la banda es su afición a la pirotécnica y el fuego. La receta para sus conciertos es conocida por todos, pero los alemanes la dominan como nadie y siempre van un paso más allá. Los conciertos de la banda liderada por Till Lindemann son un despilfarro de efectos de luz, confeti, pirotecnia y fuego -mucho fuego- que les otorga sello distintivo e inigualable.

Sergio Rubí

La introducción ha servido de aviso para navegantes, pues el espectáculo no es apto para los sensibles al estruendo o a los incesantes cambios de luces. Nada más aparecer en el escenario, los graves del bajo han hecho temblar los cimientos del estadio hasta llegar a las tripas y un par de explosiones y chispas han puesto a todo el mundo en su sitio.

Derroche de fuego y pólvora

Durante la primera parte del concierto, que se ha alargado más de dos horas, se han ido encadenando potentes temas del nuevo disco, como "Sex,", "Was Ich Liebe", "Tattoo" o "Zeig Dich" junto con clásicos de la banda, entre ellos "Links 2-3-4", "Sehnsucht" o "Mein Herz brennt".

Una de las novedades en este derroche de fuego y pólvora ha llegado con la canción "Puppe", en la que aparece un gigantesco carrito de bebé con un muñeco dentro, también enorme, y que a mitad de la canción empieza a arder hasta terminar con una tormenta de confeti negro, que bien podría representar sus cenizas.

Sergio Rubí

Tras "Heirate mich", ha sido el momento de un breve descanso para afrontar la segunda parte del concierto. Canciones como "Diamant" y un remix electrónico de "Deutschland" han servido para coger fuerzas para los dos primeros singles del nuevo disco, la versión original de "Deutschland" y "Radio".

Repasada la mayor parte del nuevo álbum, ha llegado la hora de los temas icónicos de la banda, y con ellos el estadio ha ardido entre la locura desatada entre el público. Como ya es tradición en "Mein Teil", que se podría describir como una oda al canibalismo, Lindemann, enfundado en una bata de matadero ensangrentada y con unos cuchillos, ha "cocinado" a su pianista, que pedía clemencia mientras el cantante hacía arder la olla en la que se encontraba su compañero con tres lanzallamas distintos, cada uno más grande que el anterior.

Explosión de pirotécnica

La explosión de emoción, pirotécnica y llamaradas ha llegado a su zenit con "Du Hast", en la que los coros del público al unísono se han escuchado más que nunca y las llamas iluminaban el estadio al completo. Al final del tema, la extenuación del público era la consecuencia de haberlo dado todo en uno de los himnos de la banda.

La inusitada cantidad de fuego y efectos visuales se ha mantenido en "Sonne", que ha dado paso a las tranquilas "One Dich" y "Engel", esta última interpretada juntamente con sus teloneras, el dúo de pianistas francesas Duo Jatekok.

Con "Pussy", Lindemann ha vuelto a hacer de las suyas y, montado en un cañón gigante, ha esparcido ingentes cantidades de espuma y confeti blanco que han "regado" a los espectadores de las primeras filas. Los bises, con "Äuslander", "Du riechst so gut" y "Rammstein" han servido para satisfacer a los más pirómanos, que querían aún más fuego.

El concierto ha concluido con "Ich Will", que ha puesto el broche a un éxtasis colectivo tras más de dos horas, casi sin tregua, en las que Rammstein ha llevado a la catarsis a los seguidores de la banda alemana.

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