Hacer la compra ya no es solo una rutina, sino casi una estrategia de supervivencia doméstica. Entrar al supermercado con una idea clara de gasto y salir sin sobresaltos se ha vuelto más complicado que nunca. Entre promociones, antojos y compras improvisadas, el carro se llena rápido y el ticket sube al mismo ritmo. Precisamente por eso, cada vez más consumidores buscan fórmulas sencillas que permitan ahorrar sin convertir la compra en un ejercicio agotador.

En ese contexto ha ganado popularidad una regla tan simple que sorprende por su eficacia. Se conoce como el método 6-1, una forma de organizar la compra que elimina el ruido habitual del supermercado. La clave no está en perseguir ofertas ni en recortar productos hasta el extremo, sino en introducir un orden casi automático que limita excesos sin sensación de sacrificio.

Una forma distinta de llenar el carro

La lógica del sistema cambia por completo la manera de comprar. En lugar de elaborar listas interminables o decidir sobre la marcha, la compra se construye siguiendo una estructura muy concreta. El criterio obliga a priorizar alimentos frescos y básicos, lo que reduce de forma natural la presencia de productos superfluos, esos que suelen encarecer la factura sin que apenas se note en el momento. El sistema implica comprar: 6 verduras, 5 frutas, 4 fuentes de proteína, 3 alimentos con almidón (arroz, pasta, patatas…), 2 salsas o cremas de untar y 1 capricho.

Un carro de la compra en un supermercado

El resultado práctico es que la despensa se llena de opciones versátiles para cocinar durante la semana, evitando esa acumulación de artículos que terminan olvidados o que simplemente responden a impulsos del momento. Comprar deja de ser una suma caótica de decisiones y pasa a ser un proceso mucho más controlado.

Por qué tanta gente lo adopta

El atractivo del método reside en su facilidad. No requiere cálculos, aplicaciones ni comparaciones constantes de precios. Funciona casi como una plantilla mental que simplifica elecciones y evita la tentación de añadir algo en cada pasillo. El ahorro aparece como consecuencia indirecta del orden, no como una restricción forzada. Además, introduce un detalle psicológico que mantiene un pequeño margen para el gusto personal. Lejos de transmitir sensación de recorte radical, permite conservar ese elemento de recompensa que hace sostenible cualquier hábito de consumo.

En un escenario donde cada visita al supermercado puede alterar el presupuesto mensual, fórmulas como el método 6-1 empiezan a consolidarse como soluciones prácticas. No prometen milagros, pero sí algo que muchos consumidores valoran cada vez más: gastar menos sin complicarse la vida.