Hay veces que conocemos a una persona y nos ilusionamos, pero finalmente no se convierte en una relación. La persona que se estaba enamorando es la que más sufre en estos casos porque llega a pensar que realmente existió algo, y lo que siente no es amor, sino apego. Eso sucede con aquellas relaciones que terminan. Una de las dos partes siempre se queda enganchada al pasado, viviendo del recuerdo de esa relación, incluso pensando que algún día esa persona echará marcha atrás y volverá con ella. Es la dificultad de despedirse de una fantasía.
Cuando mantienes una relación, piensas en el futuro. Crees que esa persona será para toda la vida, y a lo mejor no te llena y no eres feliz, pero te sientes seguro. Conformismo por no salir de la zona de confort, estar solo y volver a empezar, cada vez con más años encima. Piensas en comprar una casa juntos, tener niños, casarse y envejecer. Te aferras a ese recuerdo. La mente tiende a aferrarse a lo que “pudo haber sido” porque esa idea resulta menos dolorosa que aceptar lo que realmente fue y por qué no funcionó.
Nos aferramos a una persona por el miedo a admitir que hemos fracasado
La psicóloga Silvia Severino habla de dos conceptos: la idealización y la rumiación. El cerebro selecciona los recuerdos buenos, olvida los malos y evita los conflictos. Piensas en que todo habría salido bien. Cuando hay una ruptura, la persona afectada no extraña al otro, sino lo que representaba. Es decir, la seguridad que le daba esa relación.
La también Tiktoker lo explica en sus redes sociales: “Esto que te sucede no es amor, es tu cerebro enganchado a la fantasía de lo que pudo ser”. Y para poder salir de ese bucle propone dos estrategias: “Tip 1. Regla de los 90 segundos. Cuando aparezca el recuerdo, siéntelo sin juzgarte durante 90 segundos. Cuando pase ese tiempo, muévete físicamente, camina, levántate, o cambia de lugar. De esta manera cortas el bucle emocional. Tip 2. Cambia la pregunta. Deja de preguntarte por qué no me ama y empieza a preguntarte qué puedo hacer hoy para empezar a sentirme mejor conmigo mismo”.
Según la psicóloga, el apego juega un papel muy importante en este tipo de relaciones. Cuando se da una ruptura, siempre hay miedo a la soledad y al abandono. Por eso nos apegamos a la otra persona. El cerebro quiere que tú estés bien, por eso busca los buenos momentos para mostrarte estabilidad, aunque fuesen dolorosos. El sufrimiento nace de la dependencia emocional, no del amor.
Otro de los conceptos que interviene es el ego. Si admites que una relación no se ha cumplido, admites que hay un fracaso, y a las personas no les gusta fracasar ni reconocer errores, porque si ha habido problemas, los dos han cometido errores. Uno se imagina una posible continuación para no dar un cierre a esa relación. Pensar que no ha acabado, ponerle una continuación. Este autoengaño prolonga el malestar de la persona y bloquea la posibilidad de nuevas relaciones.
