Freud era conocido como el padre del psicoanálisis y Lou Andreas-Salomé era su musa, pero ella iba por libre, no era una mujer a la que le gustaba permanecer atada a un hombre. Rompió con aquellas costumbres de la época. Mientras las mujeres se quedaban en el hogar haciendo la comida y cuidando a los niños, Lou Andreas-Salomé destacó por su pensamiento crítico, filósofa y escritora, psicoanalista rusa. Una de las intelectuales más destacadas del siglo XX. En el prefacio del libro Lou Andreas-Salomé: una mujer libre, Isabelle Mons la describe como “la encarnación de una mujer moderna que ganó su libertad (…) sin preocuparse por nada que no fuera encontrar el camino que conduce a una misma”.

lou andreas salome

Lou Andreas-Salomé nació en Rusia, fue la única mujer de seis hermanos. Aunque se crió en un ambiente religioso, perdió la fe a una edad temprana. Tampoco le influencia nacer en un hogar con una fuerte representación patriarcal. “Dios no respondió a su pregunta de por qué un par de muñecos de nieve desaparecieron repentinamente bajo el sol”, en ese pensamiento empezó a rechazar a Dios.

Lou Andreas-Salomé era una mujer libre y no pensaba casarse con ningún hombre 

La filósofa sufrió una enfermedad pulmonar por la que tuvo que dejar los estudios. El médico le recomendó trasladarse a un lugar más cálido y se mudaron a Roma. Allí conoció al médico Paul Rée y al filósofo Nietzsche. Los dos hombres se enamoraron perdidamente de ella por su inteligencia y personalidad arrolladora y le pidieron la mano. Ella no iba a atarse a ningún hombre, así que decidió decirles que no a los dos. Quería ser una mujer libre, como siempre había defendido. No obstante, Lou estaba interesada en los pensamientos de las dos mentes masculinas, por ello les propuso vivir los tres juntos en una “comuna célibe intelectual”. Los amigos, que se hicieron llamar “la santísima Trinidad”, se separaron. Lou vivió unos años en Berlín con Kée, pero se podría decir que fue una especie de relación abierta. Ella no dejaba de viajar sola por Europa.

Con 50 años conoció a Freud y fue en ese momento cuando se interesó por él por su pensamiento. Le abrió la mente a una nueva ciencia, el psicoanálisis. Sentía una profunda admiración hacia él.

La filósofa no se casaba con ningún hombre. También dio calabazas a Freud. Era un cementerio del amor. Por eso se dice que coleccionaba suicidios.

Sigmund Freud LIFE