"Esta conversación que hemos tenido es, para mí, ejemplar: has hecho que una persona que va a una entrevista o una conversación, diga cosas que no ha dicho nunca y se ponga en situaciones que antes no se había puesto. Te he explicado cosas que no había explicado nunca. Haces que el personaje muestre una cara que no es la que hace habitualmente". Son palabras de Jordi González al final de la entrevista que le ha hecho el periodista Pere Espinosa en el pódcast Abduïts, en YouTube. Un elogio sincero, inesperado y que ha dejado fuera de lugar, y muy agradecido, al entrevistador. "Que Jordi González te felicite ya hace mucha ilusión. Pero que, además, recomiende la conversación y admita que en ella explica cosas que nunca había explicado en ningún sitio… eso ya es otra historia", dice Espinosa.
Un espacio, una conversación, pausada, interesante, muy recomendable. Unas charlas alrededor de una mesa donde los invitados que ya han pasado por allí, se han abierto en canal. Gente como Jofre Bardagí, Ricard Ustrell, Eloi Vila, Joel Díaz o ahora, Jordi González. El presentador del Col·lapse de 3Cat, uno de los mejores presentadores que tenemos en este país, un animal televisivo, una persona que se hace querer por todos aquellos que hemos tenido la suerte de haber trabajado con él y ser amigos suyos. Un Jordi que con Pere Espinosa, ha hablado, como él apuntaba, de cosas que no se hubiera pensado nunca. Por ejemplo, de su incapacidad para poder orinar dentro del agua, en el mar...
Evidentemente, sin embargo, han hablado de cosas más íntimas, más importantes. Un Jordi que hace 41 años que trabaja en la tele, que se dice pronto, y que tiene el récord de presentadores que han hecho más programas en la tele: La Palmera, Això no és tot, Les 1000 i una, Moros y cristianos, La escalera mecánica, Abierto al anochecer, Vitamina N, REC, TNT, Gran Hermano: el debate, La Noria, Mad in Spain, Lazos de sangre, D Corazón y tantos y tantos otros, hasta llegar a este Col·lapse que cada sábado por la noche es líder en 3Cat. Por no hablar de los muchos programas que también ha hecho en la radio. "Yo no dejé TV3 para pasar a Telecinco por dinero. Ni mucho menos. Yo lo que pedía a TV3 no me lo pudieron dar, que era un programa semanal, porque hacía un programa en Catalunya Ràdio de 4 a 7 de la tarde, en la tele 'Las 1000 y una' de lunes a jueves de 11 a 2 de la noche, y un debate en Telemadrid los viernes. No podía más. Era presentador, director y productor. Salió el 'Moros y Cristianos', que era un programa semanal".
Un Jordi "agradecido cada día al universo por la suerte que tengo. He tenido muy buena suerte a nivel de salud, de trabajo, de amistad...". "¿De amor?", le pregunta Pere. "También", responde él. Y Espinosa: "Te lo pregunto porque de la parte personal siempre has mantenido mucha intimidad". Y Jordi lo tiene claro: "La vida privada puede dejar de ser privada si tú mercadeas, si cobras por hacer entrevistas... Yo no he cobrado nunca por una entrevista. Me he ganado la vida trabajando, pero no vendiendo mi vida". Hablando de dinero, "hay gente que es insaciable con el dinero. ¿Tú entiendes que se le calcule al rey emérito una fortuna de 1.200 millones de euros? ¿Hay que seguir mangoneando cuando tienes 80 y muchos años? Fidel Castro..., Maduro...". El presentador, amante de coleccionar relojes, admite que ahora no se compra porque "siento el aliento detrás de Hacienda, que cualquier cosa que hago, me abren una inspección. ¿Me tienen manía? Sí. Buscan cualquier cosa para atraparte". Y explica una inspección esperpéntica que le hicieron sobre unos relojes.
Cuando Espinosa le destaca su carisma, y que después de tantos años, siga presentando programas de éxito, González agradece el elogio, pero le responde, "sin ninguna ironía, siempre me he considerado uno de los muebles preferidos de la gente. Como aquellas piezas que si hacemos una mudanza, nos las llevamos. Como un sofá preferido de su casa. Porque he estado allí, en su salón, como un mueble más". Como si fuera uno más de la familia. Un concepto del cual también ha hablado, de manera sincera: "He tenido suerte del padre y la madre que tuve, pero no dependía de mí. La familia también es lo que tú eliges, quien te acompaña en la vida. Me he sentido exageradamente querido. No me sabía mal morirme, pero el año pasado, la experiencia que casi me cuesta la vida, descubrí la cantidad de gente a la que les hubiera sentado muy mal que me hubiera muerto. Siento que hay mucha gente que me quiere".
Un Jordi que tiene la conciencia tranquila con la gente que se ha ido encontrando por el camino: "Nunca he hecho daño a nadie, nunca he pisado a nadie, nunca he puteado a nadie. Hay personas de las que he tenido que prescindir, porque cambiar de compañeros, de empresa, de ciudad, de jefes, de todo, todo eso, abre la mente". Un Jordi que se considera tímido, muy tímido: "Yo nunca me he declarado a nadie, por ejemplo. Cuando he estado enamorado, propicio que se me declaren a mí. Tampoco me he enamorado tantas veces. No me imagino declarándome a nadie por miedo al rechazo. Si no me declaro, no me rechazan. Por eso no me declaro". La tele, la cámara, "me hace crecer a nivel de seguridad, más que mirar a los ojos de las personas. Dicho esto, tengo una mochila llena de complejos. Como una cosa que nunca he explicado: yo nunca he bailado, ni solo, ni solo en casa, sin que haya nadie, nunca. En 60 años no lo he conseguido, no empezaré ahora. Lo que más miedo me da es el ridículo. Y no puedo hacer el ridículo ni conmigo mismo. Mi pudor, lo que me bloquea, es el sentido del ridículo".
Una conversación imprescindible, donde ha hablado de la vida, de todo lo que le hace sentir vivo y afortunado. De lo que le gusta... o de los vicios y adicciones: "Cuando una cosa me gusta, me gusta mucho. Por Sant Esteve me como 9 o 10 canelones. O una bolsa de patatas entera. Si me hubiera gustado el alcohol, seguramente sería un borracho. Dejé de fumar, en 2005, porque fumaba dos paquetes al día de Ducados. Cancelé una invitación fantástica de la Warner en Los Ángeles porque no me imaginaba estar 12 horas en un avión sin fumar. Cuando iba al cine, a mitad de película salía a fumar". Pero también una conversación sobre las dudas, de los miedos o de la muerte, de cómo casi se queda. Y de qué le queda por hacer. Una conversación que vale mucho la pena recuperar.
