Se cierra una etapa muy importante para Joaquín Sabina. El artista llegaba esta misma mañana a Madrid para dar por concluida su gira con cuatro conciertos en la capital. Se despedirá de esta forma, para siempre, de los escenarios. Ya es hora de un merecido descanso, aunque siempre va a estar vinculado al mundo de la música, su gran pasión, pero cree que ahora debe dedicarse a otras cosas, como a su familia. "Quería acabar esta gira de despedida con un pequeño maratón en Madrid. Esta ciudad insomne, cómplice, hospitalaria, nocheriega y tabernaria donde se han escrito todas estas canciones; y la que me ha dado absolutamente todo lo que soy". 

Joaquín Sabina

Precisamente, Madrid le ha acogido con los brazos abiertos, y es donde pasa gran parte del año. E artista, junto a su mujer, Jimena Coronado, tiene una lujosa vivienda en el corazón de la capital. Se trata de un dúplex, está en la esquina de la calle, y la fachada cuenta con un total de 12 balcones exteriores, lo que aporta a la vivienda de una gran luminosidad.

La vivienda actualmente tiene un total de 300 metros cuadrados, resultado de la unión de dos pisos y una reforma a fondo que mantuvo a los componentes tradicionales del edificio al mismo tiempo que ajustaba el espacio a la vida creativa de Sabina.

El dúplex de Sabina se encuentra en el barrio de La Latina, donde originalmente vivían otros famosos como el actor Fernando Tejero. El cantante es de los pocos que no ha abandonado la ciudad para irse a una lujosa urbanización. A él le gusta vivir con la gente, el ambiente. El piso es antiguo, como el edificio. Conserva los techos altos, las molduras y una estructura de fachada con balcones que miran a la calle.

Joaquín Sabina no quiere irse del centro de Madrid 

Los doce balcones que se asoman a la calle aportan ventilación natural y una conexión directa con el pulso urbano de la capital. En el interior, se entrelazan la tradición y un toque ecléctico muy personal. Sabina define su estética como “antiminimalista y barroca”, rodeándose de objetos traídos de sus viajes, alfombras orientales y muebles con historia. Cada rincón parece prolongar su universo artístico y vital.

La vivienda alberga también un estudio de grabación propio, una biblioteca que cubre por completo una pared de la planta principal y amplios espacios de estar comunicados con la cocina, en los que desaparece la rigidez de los pasillos en favor de la fluidez visual y funcional.

El salón principal está dominado por una biblioteca mural de madera que va del suelo al techo, repleta de libros, vinilos y recuerdos, un reflejo fiel del espíritu literario y musical de Sabina. La cocina, separada por un tabique hecho a medida, destaca por su pared color mostaza y por la mezcla de piezas antiguas con muebles blancos, una composición que evidencia su gusto por lo singular y poco convencional. “Es de los más horrorosos y feos que he visto en Madrid”, comparten en redes.

La luz natural, filtrándose por los doce balcones de la fachada, se convierte en protagonista: ilumina los muebles cargados de historia, los rincones destinados al descanso y el espacio de creación. Esa luminosidad transforma la vivienda en un auténtico refugio urbano para la pareja.

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