Nietzsche se muestra muy crítico con el ser humano de hoy en día. Se dice que el hombre viene del mono, por un proceso de hominización. Se adaptó a las nuevas necesidades y a su entorno. El filósofo rechaza esa idea no por hacer una crítica a la teoría evolutiva, sino a la moral. No cree que el ser humano venga del mono porque los animales son mejores que el hombre, rechaza la dea de que el ser humano represente un progreso moral automático. Para él, el hombre no está a la altura ni de lo que proclama ser.

Para Nietzsche, los animales viven sin culpa, tampoco mienten, no viven reprimidos, ni tampoco reniegan de su naturaleza. El mono es fuerza vital, honestidad instintiva y espontaneidad. Mientras que el ser humano se avergüenza de sus instintos, se reprime y se llena de resentimiento.
Hace una crítica de la moral tradicional. La moral domestica al ser humano, premia la obediencia, castiga la fuerza y glorifica la culpa dando como resultado a un hombre débil, temeroso y dependiente. Por eso dice, ¿cómo vamos a descender de animales tan sanos si hemos acabado tan enfermos?
Nietzsche hablaba de un superhombre
El filósofo hablaba del concepto del último hombre. Lo definía como cómodo, conformista, sin grandeza y sin riesgo. Un hombre que no crea valores, no aspira a superarse y solo quiere seguridad.
Otro de los conceptos de Nietzsche que se pueden analizar en esta frase es la “voluntad de poder”. Crecer, afirmarse y crear. Según él, el ser humano actual ha reprimido esa voluntad, se ha hecho pequeño, se esconde tras normas y moralinas. El animal es bueno porque no se ha traicionado a sí mismo.
Nietzsche usa la provocación. Es el hombre el que debería preguntarse en que se ha convertido. Es una autocrítica radical. El problema no es de dónde venimos, sino en qué nos hemos convertido.
A partir de aquí nace la idea del “superhombre”. Un ser humano que crea sus propios valores, que afirma la vida y que supera la decadencia.
