La desclasificación de parte de los papeles del 23F (no todos no fuera que alguien importante saliera mal parado) ha supuesto confirmar lo que todo el mundo sabía, que el rey Juan Carlos estuvo en el origen del golpe de Estado militar como jefe supremo de los militares. No existe un solo miembro del Ejército que organice un golpe de Estado militar teniendo a los militares en contra. Lo que se le reconoce a Juan Carlos es suficiente olfato para oponerse en el último momento viendo que aquella charlotada de Tejero entrando en el Congreso no iba a ninguna parte. Se hizo el digno y se hizo televisar un discurso condenando el golpe. Si su discurso hubiera sido al revés nadie sabe qué habría pasado. Los papeles le reconocen lo mismo que ya se sabía: que se echó atrás antes de que lo arrastraran a la cárcel con Tejero y Armada. Y con esta fábula ha vivido de fábula mientras los diferentes gobiernos miraban a otro lado cuando cobraba comisiones ilegales y las evadía a Hacienda. Cuando ya fue imposible esconderlo porque la prensa extranjera publicaba los millones del emérito en paraísos fiscales cayó la guillotina. Paradójicamente quien le cortó la cabeza al rey fue otro rey, su hijo.
Felipe admitió el fraude de su padre y renunció a heredar los millones en dinero negro de Juan Carlos. Acto seguido le obligó a marchar al exilio, dejándole que eligiera destino, y le puso una condición si volvía a España de visita: no viviría en ninguna residencia oficial, es decir, ni una noche más en la sede oficial del jefe del Estado: La Zarzuela. Este es el primer impedimento que supone el regreso de Juan Carlos a vivir en España que reclama Feijóo y al que el Gobierno no se opone. Todo está en manos de Zaruzela, que tiene una patata caliente: o organiza ya el regreso del emérito ahora que sopla el viento a favor, o ya es seguro que morirá en el exilio, indignando a la mayoría de monárquicos. Es ahora o nunca. Pero hay dos condiciones imposibles,: la que pone Juan Carlos y la que pone Felipe.
Juan Carlos ha dejado dicho que por honor, por orgullo y por logística, no volverá a residir oficialmente en España si no es en su casa, el Palacio de la Zarzuela, sede del jefe del Estado. "El emérito ha transmitido a través de amigos es que su intención es volver a instalarse en el Palacio de la Zarzuela. El periodista Carlos Herrera, gran amigo del emérito, aseguró en Telemadrid: "Él solo volvería a casa si pudiera quedarse en su casa, La Zarzuela".(Vanitatis). Es un pulso de Juan Carlos a su hijo ahora que se encuentra fuerte: debe volver con todos los honores, a residir en Palacio al lado de Felipe, Letizia y la reina Sofía, como si estos 5 años en Abu Dhabi hubieran sido un retiro espiritual. No ha cambiado nada desde que Felipe consideró tóxico que el emérito viviera allí. Está demostrado, confesado y regularizado con Hacienda que es un defraudador. No se marchó por adúltero, se marchó por corrupto. Veremos si Felipe se ablanda y cree que ofrecería peor imagen negando el regreso al padre y dejando que muera solo en el desierto. De momento convivir en Zarzuela es una condición imposible para Felipe. Pero hay otra condición que puede evitar a Felipe tener que tomar la decisión, una condición que Zarzuela impone al emérito para volver a vivir en España: pasar a ser residente fiscal español. Es decir, declararlo todo a la Hacienda española y que pueda ser investigado su patrimonio multimillonario en paraísos fiscales.
La Casa Real así lo ha hecho oficial según recoge Vanitatis: "Como ya se ha dicho, don Juan Carlos puede volver a vivir España cuando él quiera. En tal caso, para salvaguardar su imagen y reputación de especulaciones y posibles críticas, y por consiguiente salvaguardar la de la Corona como institución, don Juan Carlos debería recuperar la residencia fiscal en España". Esta es la jugada maestra de Zarzuela: así impide que Juan Carlos dé el paso de volver porque afloraría la fortuna ilegal que conserva en bancos extranjeros y no se jugará su patrimonio, que heredarán sus hijas y sus nietos Urdangarin y Marichalar. Este es el pulso padre hijo.
