Dani Mateo es un tipo de presentador catalán que va muy buscado: es divertido, es simpático, es rápido, es ácido, tiene presencia y no está quemado. En Catalunya habría sido un perfecto conductor del late night de TV3, Empezó haciendo radio con Josep Cuní, que lo tenía haciendo el tráfico. Qué poca vista poner a un showman como él a hacer caravanas y atascos. Se hartó y se marchó a Madrid a buscarse la vida. Ahora es el único que tiene dos programas diarios en antena: Zapeando y El intermedio en La Sexta. Estos días está en su casa concediendo entrevistas en su lengua materna, el catalán y acaba de pasar por Ser-Catalunya, en el 103.5, por el programa Llapis de memòria. Allí ha recordado cómo fue su difícil aterrizaje en Madrid: lo miraban mal.
Dani Mateo forma parte del programa más visto de La Sexta, El intermedio, que acumula cuatro copresentadores catalanes, todos con alguna vinculación a TV3: Thais Villas empezó con Jordi González en Les 1000 i una y tuvo programa propio Control T, Isma Juárez era reportero del APM, Sandra Sabatés fue candidata a presentadora del programa Aixó no és un trio, pero lo descartó porque era la época del procés y Mateo que hacía matinales con Cuní. Los cuatro triunfan junto a El gran Wyoming. Dani Mateo en Madrid ya es un vecino más pero admite que el inicio no fue fácil.
Dani Mateo tiene 46 años y llegó a Madrid cuando tenía 20 fichado por la Paramount para hacer humor. Mateo recuerda cómo trabajaba solo haciendo información de tráfico: “Pasaba horas mirando pantallas con coches". A partir de aquella etapa en la radio, empieza a escribir sus primeros monólogos entre conexiones de tráfico. Un paso clave da gracias al guionista Martín Pinyol, que le anima a dejar aquel trabajo para subir al escenario: “Me dice que eso no lo haga en el tráfico, que vaya a hacer monólogos”. A partir de aquí inicia un camino que le lleva a formar parte de la primera generación de cómicos de Paramount Comedy y a instalarse en Madrid:
"Cuando llego a Madrid me encuentro el Madrid de Sabina cuando se apagan las luces. El espíritu de Madrid es que la gente vive fuera, vive en la calle. Es una manera de sentirse en familia porque en Madrid hay más gente de fuera que de Madrid. Estás solo, muy joven y no sabes qué hacer. La familia es la que encuentras, en los bares, las discotecas, las terrazas, en la calle, los compañeros de trabajo. A mí al principio me miraban muy raro. Yo lo notaba y pensaba 'Es porque soy catalán'. Era por eso un poco pero también porque cuando acababa de trabajar me marchaba a mi casa y te tienes que quedar a tomar una cerveza en el bar con los compañeros de trabajo. Cuando lo hice me quisieron más". En Madrid les desagrada esta cosa del carácter catalán de ir al grano, cuando acaba la jornada laboral en Barcelona todo el mundo se va al gimnasio, a recoger niños, a hacer recados o a casa. En Madrid no, en Madrid hay que ir a socializar, con los mismos con quienes has pasado el día pero ahora bebiendo alcohol. Realmente son dos mundos.
