Dani Alves es el ídolo culé a quien la vida más le ha cambiado después de jugar en el Barça. Muchos exfutbolistas del club se enamoran tanto de la ciudad que se quedan a vivir, como Leo Messi que cuando se retire volverá al Baix Llobregat, como Patrick Kluivert que es vecino de Lamikne Yamal en Esplugues, como Robert Lewandowski que ya tiene negocios en la capital como un gimnasio de su mujer en la calle Balmes o como Alves. Este futbolista brasileño retirado a los 42 años acaba de tener una hija con su segunda mujer, la modelo canaria Joana Sanz. A la pequeña le han puesto Julieta, quizás por el amor que supera barreras de sus padres, como los amantes de Shakespeare.

Dani Alves le canta a la mujer y a la hija, Ig
Dani Alves y la ropa de su hija, Ig

Joana y Dani han tenido que superar una doble crisis: la infidelidad del futbolista que salió una noche de fin de año de fiesta por Barcelona y practicó sexo en un lavabo en el reservado de Sutton. Y la gran crisis, que aquella relación sexual fue considerada como no consentida por una chica catalana que acusó a Alves de violación. Aquello le supuso al futbolista e icono mundial una doble condena, la social y la de prisión provisional, convertida en prisión definitiva por la Audiencia de Barcelona. Después el TSJC, un tribunal superior, lo declaró inocente por falta de pruebas. Se consideró que la declaración de la víctima no era lo suficientemente sólida, y Alves es libre e inocente, pero socialmente sigue siendo visto por buena parte de la sociedad como sospechoso o directamente como culpable. Una sombra que no le ha impedido seguir viviendo en la misma ciudad de los hechos, y haber tenido una niña, su hija catalana Julieta. Se ha refugiado en su fe como predicador evangélico. La pasea con orgullo luciéndola con una mochila de color rosa de aquellas de bebé que permiten que vaya en el pecho del padre o la madre, piel con piel, y cuando es pequeña la criatura mirando al padre, no a la calle. Y Joana Sanz los ha retratado, padre e hija, comiendo "entre Tenerife y Hamburgo" en el aeropuerto de Madrid, escribe la madre de la niña en su Instagram:

Dani y Julieta Alves, Instagram
Alves y Julieta en el aeropuerto, Ig

Julieta Alvez Sanz ya tiene 5 meses, un poco de cvabell y una cara que quieren  preservar de Instagran. La madre ha superado felizmente una depresión posparto muy aguda. Joana Sanz no se veía con ánimo de dar ni el nombre de la niña, sufrió miedo y ansiedad: "Llegó el día que nos conocimos y no sentí tranquilidad, el miedo porque le sucediera algo seguía ahí… Me atormentaba la angustia de que al abrir los ojos ya no estuviera. Me costó amarla por miedo a la pérdida, me costó disfrutarla y lloraba por sentir que yo ya no era yo. Dejé de diferenciar noche y día pero no por su llanto, sino porque yo no era capaz de descansar cada segundo sin asegurarme de que respirara. Deseé muchas veces volver a mi yo antes de ti, porque era más fácil vivir sin el miedo de no saber cómo cuidarte".

Joana Sanz, Ig

Una niña muy deseada después de muchas fecundaciones y vitro fallidas y abortos, después de un drama judicial y familiar y cuando llegó la madre no estaba psicológicamente preparada. Joana Sanz muy generosa explicando qué le ha pasado, la cosa más íntima no es la cara de la niña, es desnudarse psicológicamente como lo ha hecho Joana Sanz. Modelo y madre.