En casa somos muy de Arnau París. Lo éramos cuando nos ganó con su simpatía en Masterchef, proclamándose ganador. Lo seguimos siendo después, cuando nos recomienda recetas increíbles en Cuines y con su Cuina pim pam. Y lo será cuando coja el relevo de Marc Ribas presentando el Joc de cartes, tal como avanzaron los compañeros del Que no surti d'aquí de Catalunya Ràdio. Pero es que Arnau enamora también porque más allá de su talento entre fogones, y de sus altas capacidades comunicativas, cuando explica cosas que le pasan, cuando comparte experiencias surrealistas, es único. Un Arnau que allá donde va siempre ha lucido con orgullo su catalanidad y su lengua, y que antes de dedicarse a la gastronomía, cuando vendía grifos, al entrar en los sitios ya oía cosas como que "ya desde la puerta hacían: '¿catalán? Pues no te voy a comprar". Y él: "Estoy hasta los cojones".
Ya ha llovido mucho desde aquella época, pero continúa subiéndose por las paredes cuando no puede expresarse en su lengua o cuando, si lo hace, en Cataluña, en su casa, no le entienden. Una cosa tan sencilla como ir a comprar para preparar una comida, dependiendo de dónde vaya, hará que llegue a casa con todo lo que necesite o, en cambio, que se vuelva con la bolsa llena de productos que no necesita. Y Arnau está hasta las narices. Harto de no poder pedir en su lengua, o que, si lo hace, se le queden mirando con cara de no entender un pimiento. Y es lo que le ha pasado recientemente cuando ha ido a un supermercado.
Lo ha compartido con los compañeros de Els teloners de RAC1, un programa donde se lo pasa pipa y nos lo hacen pasar pipa. Allí ha ido a menudo, y hace unos meses, por ejemplo, les explicó a Marc Bala, Guillem Estadella y Alba Segarra una anécdota brutal con un guardia civil vestido de paisano en el aeropuerto del Prat-Josep Tarradellas, una pistola y una granada. Ahora ha vuelto y ha explicado qué le ha pasado yendo a comprar. Él, que es todo bonhomía, dice que ha vivido "una experiencia paranormal... He pedido una cosa en catalán y la respuesta ha sido de aquellas que te pone los pelos de punta". El caso es que necesitaba un poco de cordero y se lo ha pedido "al chico de los frescos". Su pregunta concreta, en catalán, ha sido: "El xai on el teniu? (¿El cordero dónde lo tenéis?)". Respuesta: "Me mira y me dice: 'No tenemos'"... Él ha insistido, sorprendido. "¿¿¿Cómo??? Me lo vuelvo a mirar y digo: '¿Qué me has entendido?'. Y él hace: 'No'. Y yo he querido insistir: 'Que si teniu xai?' ('¿Que si tenéis cordero?')". Y atención a la nueva respuesta: "Entonces hace: '¡Ah! ¡Sí! En el pasillo del café'"... Arnau ha alucinado. "Me lo miro y digo: '¿Allí?'. Y él: '¡Sí! ¡El té chai!'".
Arnau no se lo puede creer: "¡Un té chai! ¡Un té chai! No me jodas, tío":
Como él dice, imagina "que quieres hacer una barbacoa y vuelves a casa cargado de cajas de té chai... ¿Qué coño haces? Si pedís cordero en el supermercado porque queréis hacer una costillada corréis el riesgo de tener que hacer un brunch y un chai latte"...
