Uno de los genios que hay en España, SIN NINGÚN TIPO DE DUDA, es el gran David Trueba. Director de cine extraordinario, escritor no menos brutal, ha dirigido y escrito algunas películas y libros maravillosos. En cuanto a films y series, La buena vida, Soldados de Salamina, ¿Qué fue de Jorge Sanz?, Madrid 1987, Vivir es fácil con los ojos cerrados, Saben aquell y tantas otras. No menos recomendables son sus libros Cuatro amigos, Saber perder, Blitz, Tierra de campos o Queridos niños.
Un tipo que además de dirigir y escribir como los ángeles, tiene una retranca, un sentido del humor y una cultura, que da gusto oírle hablar en cualquier entrevista. Así que imaginen qué puede haber salido de la visita del pequeño de los hermanos Trueba a un pódcast hilarante como La Ruina con Ignasi Taltavull y Tomàs Fuentes, un espacio donde los invitados van allí a confesar momentos personales de esos de tierra trágame, de muertos en el armario que todos tenemos, de momentos para olvidar que recordaremos siempre.
Empieza recordando que a partir de determinada edad (él tiene 56 años) te hacen una especie de exámenes médicos, un cribado como lo llaman, pruebas de aquellas "que siempre piensas que las van a tirar a la basura". Hace un par de años, en Madrid, donde él vive, hicieron un cribado de cáncer de colon. "Te hace sentir mayor". Y hacia el centro de salud que fue. "Me dieron un bote: 'Tiene usted que cagar', y piensas que lo tienes que dar todo", que tienes que llenar un bote con todo aquello. Y quizás no cabe. "¿Qué pretendías: llenarlo como si fuera un (helado) 'Ben & Jerry's, hasta arriba?". Atención a la respuesta sensacional de David: "Hombre... siendo Ayuso la presidenta de la comunidad de Madrid, uno quiere hacerle un regalo potente, ¿no?... Aunque va sobrada de mierda, todo hay que decirlo".
"Ahora la cosa ha evolucionado. No tienes que introducir todo el tordo en el botecito. Solo pinchas un par de veces y que quede impregnado, una muestra". Fue al centro de salud de su barrio, todo el mundo entregando las heces a las 8 de la mañana, con sus botecitos, y la sanitaria coge el suyo. "Cogió las heces, me pregunta si he puesto la etiqueta, y dice: 'Anda! ¿Eres el escritor?'. Yo me estoy casi yendo y de pronto dice: 'Uf, perdona, ven! Esto está muy mal..., tiene muy mala pinta... ¿Sangras al hacer deposiciones?'. Viene otra y le da mis heces: 'Esto está muy negro, aquí hay problemas, tiene un color y una presencia como que tienes cáncer de colon. Te llamaremos, pero vete preparándote". Él, alucinando...
Llaman a una doctora de la planta de arriba: "Mira esto. ¿Le conoces?'... Uno nunca cree que sus heces vayan a ser el centro de una conversación. Lo ve y dice: 'Mal'. Y yo ya empiezo a pensar en despedirme del mundo, dejarle mi casa a mis hijos, organizar, despedida... Pero entonces la doctora me mira y me dice: 'David, solo una duda: ¿No habrás comido ayer calamares en su tinta?'. Y yo: 'No... ¿por?'. 'Es que todo cambia'... Pero antes de ayer compré un bote de tinta de calamar para hacer un arroz negro, estaba muy salado'... Cuando comes tinta de calamar, las heces son como de cabra, más negras. Y al decirme que no era nada, ¿sabes esa cosa como que te entra la vida de nuevo? Puedo vivir, enamorarme, tener más hijos, la vida me sonrié".
David Trueba, maravilloso. Miren sus películas, lean sus libros... y no coman calamares en su tinta antes de unos análisis de heces.
