Vivimos obsesionados con la eficiencia. Reuniones más cortas, menos desplazamientos, respuestas inmediatas, Teams, videoconferencias y, ahora, inteligencia artificial para resolver en segundos aquello que antes nos podía ocupar horas. Para un CEO o un directivo, todo parece ir en la misma dirección: hacer más cosas, en menos tiempo y con menos interacciones innecesarias. Pero quizás nos estamos pasando de eficientes.

Pensemos en una situación muy sencilla. Hace unos años, cuando un directivo necesitaba información sobre un sector que no conocía, probablemente llamaba a alguien. "¿Conoces a alguien que sepa de esto?". Aquella pregunta iniciaba una cadena de llamadas, presentaciones, cafés y conversaciones. Hoy es muy posible que la primera reacción sea abrir ChatGPT. La respuesta llega en segundos. Fantástico. Hemos ganado tiempo.

Pero hemos perdido algo por el camino. Hemos perdido la excusa para llamar a alguien.

Y las excusas para hablar con otras personas han sido, durante décadas, una de las maneras más naturales de construir una red profesional. Preguntábamos, pedíamos ayuda, contrastábamos una opinión o buscábamos una recomendación. La necesidad nos obligaba a relacionarnos.

Las excusas para hablar con otras personas han sido, durante décadas, una de las maneras más naturales de construir una red profesional

La IA empieza a eliminar esta necesidad. Y aquí hay un riesgo. Porque un directivo no vive solo de respuestas. Vive también de relaciones, confianza, reputación y de tener personas a quienes poder llamar cuando las cosas se complican.

Teams y las videoconferencias ya habían hecho una parte del trabajo. Son herramientas extraordinarias para mantener relaciones con personas que ya conocemos. Pero difícilmente reproducen todo lo que pasa alrededor de un encuentro presencial.

Llegar diez minutos antes de una reunión. Tomar un café con alguien que no conocías. Coincidir en un almuerzo. Continuar una conversación mientras vuelves caminando hacia la oficina. Aparentemente, todo esto es improductivo.

Y aquí está la paradoja: algunas de las conversaciones más importantes de la vida profesional comienzan sin tener ningún objetivo.

Un directivo no vive solo de respuestas. Vive también de relaciones, confianza, reputación y de tener personas a quienes llamar cuando las cosas se complican

Un CEO no puede limitar su red a las personas con quienes tiene una reunión programada en Teams. Tampoco puede esperar que LinkedIn sustituya una relación personal. Tener miles de contactos no significa tener una red de confianza.

Porque el networking no consiste en acumular contactos. Consiste en construir relaciones antes de necesitarlas. Esto exige tiempo. Y, sobre todo, exige una cierta ineficiencia.

Ir a un evento sin saber exactamente con quién hablarás. Aceptar un café sin una agenda concreta. Comer con alguien de un sector que no tiene nada que ver con el tuyo. Presentar a dos personas sin esperar nada a cambio. Llamar simplemente para preguntar cómo van las cosas.

Para un directivo con la agenda llena, es muy fácil eliminar estas actividades. Siempre hay algo aparentemente más urgente. Un correo por contestar, una presentación por revisar o una reunión que se puede encajar en ese hueco de treinta minutos.

Algunas de las conversaciones más importantes de la vida profesional empiezan sin tener ningún objetivo

La IA todavía lo hace más tentador. Nos ayuda a preparar reuniones, resumir documentos, analizar mercados, redactar correos y obtener respuestas sin tener que molestar a nadie. Bienvenida sea.

Pero los directivos deberían vigilar que cada nueva capa de eficiencia no elimine también una capa de relación.

Porque llegará un momento en que prácticamente todos los CEO tendrán acceso a herramientas de inteligencia artificial extraordinarias. La tecnología será cada vez más accesible y el conocimiento, más abundante.

La confianza, en cambio, seguirá siendo escasa.

La IA te podrá explicar un sector, analizar una empresa o preparar una negociación. Lo que no hará es que alguien confíe en ti

La IA te podrá explicar un sector, analizar una empresa o preparar una negociación. Lo que no hará es que alguien confíe en ti, te presente a la persona adecuada o coja el teléfono cuando realmente lo necesites.

Esta red la tendrás que construir tú. Y probablemente no la construirás delante de una pantalla.