En cualquier capital financiera de Occidente, una empresa que reporta beneficios récord es celebrada, en tanto que en la China de Xi Jinping, puede señalársele como un parásito. Esta semana, fuentes cercanas a los reguladores en Beijing confirmaron que China ha "profundizado su investigación" sobre PDD Holdings, la matriz del gigante del comercio electrónico Pinduoduo y de la popular plataforma global Temu. La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre los inversores que creían que la tormenta había pasado.
Para el observador casual, esto parece otra ofensiva caprichosa del Partido Comunista contra el sector tecnológico. Sin embargo, una mirada más atenta revela algo más complejo; esta es una colisión frontal entre el capitalismo de "precios bajos a toda costa" y la obsesión del Estado chino por la estabilidad social.
La caída voluntaria que no funcionó
Para entender el titular de esta semana, hay que rebobinar a agosto de 2024. En una de las llamadas con inversores más extrañas de la historia corporativa, los directivos de PDD, pese a tener unos números envidiables, profetizaron su propia desgracia. Anunciaron que sus beneficios caerían inevitablemente y que dejarían de pagar dividendos para "apoyar a los agricultores y comerciantes".
Las acciones se desplomaron casi un 30% en un día y en su momento, algunos analistas vieron esto como una jugada maestra de "relaciones gubernamentales". La teoría era que PDD estaba practicando un "fuego preventivo" empobreciéndose en forma voluntaria ante la opinión pública para evitar la apariencia de un monopolio codicioso a los ojos de Beijing.
La noticia de esta semana confirma que esa lectura era demasiado optimista. No fue una estrategia preventiva, sino una súplica desesperada. Y la profundización de la investigación demuestra que el ruego fue rechazado. La ofrenda de paz no fue suficiente.
El pecado original fue la "involución"
A diferencia de Jack Ma, el fundador de Alibaba que cayó en desgracia por criticar la política bancaria del gobierno, PDD no tiene un problema político, sino estructural. Su pecado tiene un nombre en chino: Neijuan o involución.
El algoritmo de PDD es famoso por forzar a las fábricas y comerciantes a competir en una carrera suicida hacia el fondo. Si quieres vender en la plataforma, debes ofrecer el precio más bajo, a menudo sacrificando márgenes de beneficio, calidad del producto y salarios de los trabajadores.
Mientras PDD se enriquecía con comisiones y publicidad, sus proveedores de la "economía real" que el Partido Comunista jura proteger, se asfixiaban. En la visión de Xi Jinping de la "Prosperidad Común", una empresa tecnológica debe actuar como un canal de riego que distribuye riqueza, no como una aspiradora que la extrae de la base de la pirámide.
Cuando el Estado entra en el algoritmo
El hecho de que la investigación se “profundice" es una señal de alarma crítica. En el código de señales de la política china, esto significa que los reguladores, probablemente una coalición entre la Administración Estatal para la Regulación del Mercado y el Ministerio de Industria, no se conformarán con una multa.
Están yendo a por el algoritmo de fijación de precios, el motor del negocio. El objetivo de Beijing no es destruir a PDD, sino convertirla en una especie de "servicio público", obligando a la empresa a la modificación de su código para garantizar que los comerciantes y fábricas obtengan beneficios justos, incluso si eso significa destruir la rentabilidad de los accionistas de PDD.
El efecto dominó: ¿El fin de las gangas de Temu?
Aquí es donde el problema local se vuelve global. La defensa de PDD siempre fue la compartimentación, con "Pinduoduo para China y Temu para el mundo". Aislaron legal y operativamente a su brazo internacional en Temu para protegerlo de la regulación doméstica. Pero esta investigación expone la falacia de esa división. Los proveedores que fabrican los auriculares de 3 dólares para Temu son los mismos que exprimen por Pinduoduo en China.
Si el gobierno chino obliga a PDD a pagar precios más justos a las fábricas chinas para garantizar la estabilidad social y los salarios de los trabajadores, los costos de producción subirán. Matemáticamente, eso amenaza el modelo de "precios imposibles" que permitió a Temu conquistar los mercados de Europa y Estados Unidos.
La lección final
El drama de PDD es una lección magistral sobre cómo funciona el poder hoy en China. El departamento de relaciones gubernamentales ya no sirve para invitar a cenar a funcionarios y pedir favores. Su función es existencial, y es la de asegurar que el modelo de negocio de la empresa sirva a los objetivos nacionales.
PDD falló en esa misión cuando creyeron que compensaban el daño social con donaciones caritativas y humildad pública. Pero el Estado chino aclaró que no quiere filantropía, sino un cambio de sistema. Para los inversores, el mensaje es brutal porque en China, los ingresos que se obtienen a costa de la estabilidad social no son un activo, se convierten en un pasivo tóxico que tarde o temprano se purga.
Las cosas como son