Un usuario vinculado al ejército chino le pidió a Kimi, el asistente de la empresa Moonshot AI, que analizara datos de cientos de cámaras de Chengdu, incluidas las situadas frente a instalaciones militares. El modelo no analizó nada, sino que tomó la pregunta y los datos, los mandó a los servidores de Anthropic en Estados Unidos, recibió la respuesta de Claude y la devolvió como si fuera propia. Sin embargo, el militar nunca lo supo, y tampoco se enteró el Estado chino hasta que Anthropic lo publicó el 10 de septiembre en un informe de 154 páginas.
Ese escrito acusa a siete empresas chinas de destilación ilícita, es decir, usar cuentas falsas para bombardear a Claude con millones de preguntas y entrenar con las respuestas a modelos propios. La campaña más grande es la de operadores ligados a Alibaba y su laboratorio Qwen, con más de 151 millones de intercambios entre mayo y julio de 2026 y máximos de casi tres millones por día. Por su parte, la china Moonshot concretó más de 23 millones en el mismo período y DeepSeek envió más de 12 millones en apenas 14 días de julio. Entre esas consultas viajaron investigaciones de ingenieros que trabajaban en sistemas de gestión de casos para la policía, con credenciales de bases de datos vivas y números de identidad de ciudadanos.
Dos semanas después, según The Information, el 22 de septiembre de 2026, la Administración del Ciberespacio de China citó a las siete empresas y luego mandó inspectores a las oficinas de DeepSeek y Moonshot para interrogar a ejecutivos y empleados. Pekín no reconoció la pesquisa en público, y lo que investiga no es el robo, sino la fuga. La máquina montada para robarle capacidades a Claude fue la misma que le entregó a Estados Unidos las consultas de la policía y del ejército chinos. Moonshot escondió el enrutamiento detrás de 5.380 cuentas falsas para que nadie lo viera, ni Anthropic, ni Pekín. El regulador se enteró de la fuga leyendo el informe de la víctima.
Este es el caso más reciente de una serie larga. China alienta, financia o simplemente tolera usos ilegítimos e ilegales de la tecnología cuando el blanco está afuera. El grado varía en cada caso, pero el resultado no cambia nunca: el cuervo que se cría para picotear al vecino vuelve a casa y ataca. El primer cuervo es el de los campos de estafa del sudeste asiático.
China no los inventó, pero su represión interna ayudó a exportarlos. Cuando Pekín prohibió el juego en línea, los grupos criminales chinos se mudaron a Camboya, Laos y Birmania, fuera del alcance de la policía china, y ahí descubrieron un negocio mejor que el casino, la estafa romántica con criptomonedas, la llamada matanza del cerdo. Las primeras víctimas fueron chinos. Estos casos aparecieron en China en 2018 y, entre enero y agosto de 2019, los ciudadanos de ese país perdieron más de 500 millones de dólares, según cifras oficiales. Pekín miró para otro lado durante años porque las mafias estaban afuera y no molestaban adentro.
El cuervo volvió en octubre de 2023, cuando varios ciudadanos chinos murieron al intentar el escape de un campo de explotación ilegal en Kokang y la noticia corrió por las redes chinas. Recién entonces Pekín permitió una ofensiva de las milicias étnicas contra la junta birmana que en esa frontera no podía avanzar sin su aquiescencia, y una de las condiciones del alto el fuego fue el cierre de los campos.
El Estado que durante años alegó su no intervención en otros países consiguió en semanas capturas masivas, extradiciones y una guerra. La incapacidad terminó el día que cambió la voluntad. Los jefes del clan criminal Ming, con antecedentes en las armas de Kokang, fueron capturados en noviembre de 2023. Un tribunal de Wenzhou los condenó a muerte en septiembre de 2025 por el asesinato de 14 ciudadanos chinos y por operaciones de estafa y juego valuadas en más de 1.000 millones de dólares. Once fueron ejecutados el 29 de enero de 2026 y otros cuatro cayeron en febrero. Es decir, China condenó a los criminales que su propia policía empujó al otro lado de la frontera.
El segundo cuervo es el de los chips. Estados Unidos procesó en Texas a decenas de contrabandistas de procesadores de Nvidia por 160 millones de dólares. Esto, dentro de un esquema de 2.500 millones que pasaba por empleados de Supermicro, con cajas reetiquetadas en depósitos y pagos que viajaban por Tailandia, Singapur y Malasia. Ningún Estado persigue las leyes de exportación de otro.
Sin embargo, lo que hizo China cuando Trump autorizó la venta legal de los chips avanzados H200, la aduana del país asiático los frenó en la frontera para obligar a la compra de Huawei y sostener el cuento de que el semiconductor propio alcanza. El resultado fue un mercado negro que Pekín no gobierna, donde un servidor con chips Nvidia A100 de cinco años de antigüedad triplicó su valor hasta los 82.000 dólares a junio de 2026, y el comprador chino quedó en manos de intermediarios que lo estafan o lo delatan. Pekín no fue vencido por el mercado negro; se entregó a él para no desmentirse. Es decir, bloqueó los chips legales y se obligó a depender de los ilegales.
El tercer cuervo es el más grande de todos y obedece a una ley distinta. En julio de 2022, un pirata informático puso a la venta la base de datos de la policía de Shanghái de 23 terabytes con nombres, domicilios, números de identidad, teléfonos y antecedentes penales de unos 1.000 millones de personas, por 10 bitcoins. Esta filtración salió de un servidor en la nube de Alibaba mal configurado. En este caso, no hubo delincuentes contratados, sino una arquitectura. Un Estado que acumula los datos de toda su población para vigilarla, construye, sin querer, el botín más grande de la historia. El archivo que sirve para controlar es el mismo que se emplea para robar. Nadie puede tener el uno sin el otro.
El cuarto cuervo es el de i-Soon, la empresa de Chengdu que trabajaba para el Ministerio de Seguridad del Estado, para el ejército y para la policía. En febrero de 2024 alguien filtró sus contratos, sus listas de objetivos, sus manuales de programas espía y las charlas internas de sus empleados. Ahí estaban los ministerios de Tailandia, de Malasia y de la India, la red de rutas de Taiwán y también la vigilancia de ciudadanos chinos en Hong Kong y en Xinjiang. Nadie sabe todavía quién distribuyó esa información. Y ese es el punto: tercerizar el espionaje multiplica las manos que tocan el secreto. El Estado que contrata a una empresa privada para investigar afuera compra, en el mismo contrato, una empresa privada que puede ser espiada.
Los cuatro casos anteriores y el de la destilación cuentan una sola historia. La ilegalidad tolerada no distingue blancos y el aparato que se arma para robar, estafar o contrabandear hacia afuera lo manejan gente y empresas con sus propios intereses. Trabajan para quien paga y roban a quien tienen cerca. Cuando el próximo es el Estado chino, lo atacan. Si la oportunidad se presenta con el ciudadano chino, lo estafan. Las agencias de inteligencia de Estados Unidos afirmaron el 8 de septiembre de 2026 que la destilación se hizo probablemente con conocimiento del gobierno chino. China lo negó y puede ser cierto. Pero el conocimiento no es control y Pekín supo que sus empresas robaban a Claude, aunque desconoció que en el mismo movimiento le regalaban a Anthropic las cámaras de Chengdu. Eso es lo que distingue a un Estado que dirige de uno que tolera. El que dirige elige el blanco; el otro gobierno se entera después.
El problema de criar cuervos no es que un día dejen de obedecer, es que nunca se sometieron, solamente coincidían los intereses; hasta que estos cambiaron. Así, las empresas chinas de inteligencia artificial destilarán modelos estadounidenses porque no tienen otra forma de acercarse a la frontera, y unos 200 millones de intercambios en cinco campañas no son un complemento del desarrollo, son el avance. Los modelos estadounidenses registrarán todo lo que reciben. La próxima filtración de datos militares chinos no llegará de un espía, sino de una cuenta falsa abierta por una empresa para ahorrar en cómputo, y ningún programa de protección de datos la frenará, porque esos programas protegen a la empresa de sus empleados y no al Estado. La Administración del Ciberespacio multará a alguien, cerrará alguna empresa chica y dejará en paz a Alibaba, que tuvo la campaña más grande de las siete con 151 millones de intercambios. El cuervo volverá, siempre retorna, es la única ley que China respeta sin saberlo.
Las cosas como son.
