Primero fue Adamuz (Córdoba), después Gelida (Barcelona) y ahora Urda (Toledo), el mayor accidente ferroviario en España. En conjunto, los tres siniestros han dejado más de un centenar de fallecidos y, además, han golpeado duramente la imagen de la alta velocidad española. España no fue pionera, pero actualmente cuenta con más de 4.000 kilómetros de vías de alta velocidad en servicio, lo que la convierte en la red más extensa de Europa. Sin embargo, los siniestros, las interrupciones y los retrasos han puesto el sistema bajo presión y han provocado una pérdida millonaria de viajeros.

Tras años de crecimiento récord desde la liberalización del sector —ahora Renfe compite con Ouigo e Iryo y hay cuatro marcas comerciales en el mercado—, el AVE afronta el peor ejercicio de su historia. En 2025, el AVE alcanzó los 44,5 millones de viajeros, su máximo histórico. Sin embargo, la tendencia ha dado un giro radical este 2026.

Según datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), durante el primer semestre viajaron en el AVE 18,6 millones de pasajeros, un 15% menos que en el mismo periodo del año anterior. El accidente de Adamuz, ocurrido el 18 de enero, provocó por sí solo una pérdida neta de 3,34 millones de viajeros, a la que se sumaron las incidencias en la red y los retrasos.

El verano tampoco ha logrado revertir la caída. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en julio y agosto viajaron en los servicios comerciales de alta velocidad un total de 7,48 millones de pasajeros. En julio se registró un descenso interanual del 6,8%, mientras que agosto anotó una ligera subida del 0,6%, siendo el primer dato positivo del año.

Así, entre enero y agosto, el número de viajeros ascendió a 26,13 millones, unos 3,6 millones menos que en el mismo periodo de 2025. La caída acumulada alcanza el 14,1%, una brecha difícil de recuperar en los últimos cuatro meses del año, especialmente tras el nuevo accidente ferroviario de Toledo, que ha obligado a cancelar cientos de trenes en el corredor sur hasta nuevo aviso.

De cifras récord a un frenazo histórico

La caída contrasta con el crecimiento experimentado en el AVE desde la apertura del mercado a nuevos operadores. En 2021, con la llegada de Ouigo y el lanzamiento de Avlo, los viajeros de alta velocidad alcanzaron los 23,7 millones, un 76% más que el año anterior. En 2023, con la entrada de Iryo y el primer ejercicio completo con tres operadores, la cifra subió a 32,4 millones. En 2024 llegó a los 40 millones y en 2025 superó los 44,5 millones.

La expansión parecía imparable, pero las incidencias de 2026 han frenado esa evolución y han devuelto al ferrocarril al centro del debate sobre la fiabilidad del servicio. La línea Madrid-Sevilla, que hace más de 30 años inauguró la alta velocidad en España, es hoy una de las más afectadas. El accidente de Adamuz interrumpió la conexión y obligó a suspender el servicio durante semanas. La línea reabrió el 17 de febrero, mientras que el corredor Madrid-Málaga y Granada no recuperó la circulación hasta el 30 de abril, inicialmente con limitaciones, tras los daños causados por el accidente y el desprendimiento de un talud en Álora.

Las consecuencias se reflejan en los datos de la CNMC. Durante el primer semestre, los viajeros de alta velocidad entre Madrid y Sevilla cayeron un 30% respecto al año anterior. El corredor Madrid-Málaga y Granada sufrió todavía más, el desplome alcanzó el 61% en el primer trimestre y la caída fue del 30% en el segundo.

Madrid-Barcelona tampoco escapa a la crisis

El corredor Madrid-Barcelona, uno de los más transitados del país, también ha sufrido importantes alteraciones. Las limitaciones temporales de velocidad y los retrasos obligaron a modificar los horarios. El 5 de febrero se anunció que los trayectos durarían 25 minutos más y que se suprimirían los últimos servicios del día para ampliar el margen de mantenimiento nocturno.

El impacto en la demanda también ha sido notable. Entre enero y junio, la línea perdió 1,11 millones de viajeros respecto al mismo periodo de 2025. En el primer trimestre la caída fue del 17%, con 600.000 pasajeros menos, mientras que entre abril y junio descendió un 13%, con otros 518.000 viajeros perdidos.

A las consecuencias de los accidentes se sumaron las interrupciones de la red convencional provocadas por las borrascas de principios de año, en un enero excepcionalmente lluvioso. El resultado es un ejercicio marcado por las incidencias, la pérdida de pasajeros y la dificultad para recuperar la confianza de los usuarios.