El consejero delegado del Banc Sabadell, Marc Armengol, ha afirmado que la demanda de crédito empresarial "continúa creciendo a buen ritmo" y que las expectativas son que la buena dinámica se mantenga en el futuro. Según Armengol, a pesar de las incertidumbres tecnológicas y geopolíticas que afectan a los mercados internacionales, las empresas "tienen buenos fundamentales". El directivo ha señalado que las compañías disponen de un nivel de apalancamiento adecuado y de un buen conocimiento de sus sectores y mercados, lo que les permite afrontar el contexto actual con una cierta solidez. Esta valoración contrasta con la percepción de incertidumbre que domina buena parte de los debates económicos. Para Armengol, sin embargo, los fundamentos del tejido empresarial son lo suficientemente sólidos para sostener la demanda de crédito y para mantener el ritmo de inversión en los próximos meses.

Uno de los aspectos que más ha destacado Armengol durante un acto informativo es la capacidad del tejido empresarial de incorporar la incertidumbre actual y sumarla como una variable más en el proceso de toma de decisiones. Según el directivo, impactos que hace unos años habrían paralizado la producción o las nuevas inversiones, ahora se gestionan con una "gestión prudente" de los riesgos. Esta capacidad de adaptación es, a su parecer, uno de los factores que explica la resiliencia de la economía española, que "se muestra especialmente resiliente" con un crecimiento sostenido por encima de buena parte de las principales economías europeas y mundiales. La idea de fondo es que las empresas han aprendido a convivir con la incertidumbre y a integrarla en su planificación, en lugar de quedarse bloqueadas ante ella. Este cambio de actitud, según Armengol, es un activo valioso en un entorno como el actual, en el que los factores imprevistos son constantes.

La oportunidad de la inteligencia artificial

Armengol ha asegurado que las nuevas tecnologías acelerarán la transformación de muchas industrias y que el consenso generalizado es que la inteligencia artificial tiene el potencial para tener un impacto real en la economía. No se trata, ha dicho, de una moda pasajera, sino de una tecnología que puede cambiar la manera como las empresas operan y como los clientes consumen productos y servicios. Sin embargo, ha admitido que la inteligencia artificial no está exenta de riesgos y que debe estar sujeta a un marco de control y una gobernanza "bien pensados". Esta advertencia refleja la preocupación creciente por cuestiones como la privacidad, la seguridad de los datos y el uso ético de la tecnología. A pesar de estas reservas, Armengol ha hecho un llamamiento a aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial, siempre que se haga con las garantías adecuadas.

El consejero delegado ha subrayado que la inteligencia artificial "cambiará la forma de relación con los clientes" y la manera como los clientes consumirán los productos y servicios en el mundo digital. Este cambio, según él, tiene el potencial de repensar los procesos internos de las entidades financieras y permitirá tomar mejores decisiones. La capacidad de analizar grandes volúmenes de datos y de extraer información relevante puede ayudar a los bancos a anticiparse a las necesidades de sus clientes, a personalizar la oferta de productos y a detectar riesgos con más precisión. Estas aplicaciones son especialmente relevantes en un sector como el financiero, donde la información y la capacidad de análisis son activos estratégicos.

Armengol ha explicado que el Banc Sabadell está apostando "decididamente" por invertir en tecnología e inteligencia artificial para continuar innovando, siendo fieles a los orígenes y la esencia del banco. "Tenemos muy claro que la tecnología no sustituye nuestra forma de hacer banca", ha dicho, y ha añadido que la incorporan para ser más ágiles y anticiparse mejor a las necesidades de los clientes. Esta declaración resume la posición de la entidad: la tecnología es una herramienta al servicio del modelo de negocio, no un sustituto de la relación humana que caracteriza la actividad bancaria. La inversión en tecnología, por tanto, no se plantea como una alternativa a la proximidad con el cliente, sino como un complemento que permite mejorar la eficiencia y la calidad del servicio sin renunciar a la identidad de la entidad.