El tejido empresarial catalán sigue siendo mayoritariamente de carácter familiar, según se desprende del informe elaborado por la Asociación Catalana de la Empresa Familiar (ASCEF). Los datos revelan que las compañías de propiedad familiar representan el 92% del total de empresas que operan en Catalunya, una cifra que refleja el peso abrumador de este modelo organizativo en la economía de la región. Esta presencia mayoritaria se traduce en una concentración del 76% del empleo privado y del 70% del valor añadido bruto generado por el conjunto del tejido empresarial catalán. El estudio ofrece una radiografía detallada de un modelo empresarial que no solo es mayoritario en número, sino que también demuestra mayor resiliencia en el tiempo. Entre las compañías que estaban activas en el año 2015, el 79% de las familiares continuaban su actividad en 2024, una tasa de supervivencia que supera en seis puntos la de las empresas no familiares, que se situó en el 73%.

Uno de los aspectos más destacados del informe es el análisis de la distribución de las empresas familiares por generaciones. Actualmente, el 40% de las compañías de este tipo se encuentran en fases iniciales, es decir, en primera generación, lo cual indica que una parte significativa del tejido empresarial familiar catalán es de creación reciente. En el extremo opuesto, solo un 2,1% de las empresas familiares ha logrado llegar a la tercera generación o más, una cifra que pone de manifiesto la dificultad de perpetuar el negocio familiar más allá de los fundadores y sus hijos inmediatos.

Esta dificultad para consolidar la continuidad generacional es uno de los retos que la ASCEF identifica como prioritarios. La presidenta de la entidad, Rosa Tous, ha señalado que garantizar la sucesión generacional es especialmente complejo en las empresas más jóvenes, que todavía no han consolidado estructuras de gobierno ni han definido protocolos de relevo. Tous ha añadido que la necesidad de crecer para ganar competitividad y la demanda de un entorno estable para poder desarrollar proyectos a largo plazo son otros de los grandes retos que afronta la empresa familiar.

Lleida lidera la presencia de empresa familiar

El análisis por demarcaciones territoriales muestra diferencias significativas en la concentración de empresas familiares en Catalunya. Lleida encabeza el ranking con un 94% de sus compañías de carácter familiar, seguida de Tarragona con un 93%. Barcelona, la demarcación más poblada y con una estructura empresarial más diversificada, se sitúa en un 92%, mientras que Girona cierra la lista con un 91%. Estos datos sugieren que el modelo familiar está más arraigado en aquellos territorios con un tejido productivo más vinculado al sector primario y a la pequeña y mediana empresa.

Si se filtran los datos por antigüedad de las compañías, el panorama presenta matices interesantes. Cuando se excluyen de la definición de empresa familiar aquellas compañías con menos de diez años de vida, el peso del modelo familiar sobre el conjunto del tejido empresarial catalán se reduce hasta el 77%. Pero si se pone el foco solo en las compañías con más de 25 años de antigüedad, aquellas que han tenido que superar al menos un cambio generacional, su presencia se reduce al 37% del total de empresas catalanas. Este dato refuerza la idea de que la supervivencia a largo plazo es un reto estructural para la empresa familiar.

El informe de la ASCEF también aborda la cuestión de la presencia de mujeres en posiciones de dirección y gestión. En este ámbito, las empresas familiares muestran una representación femenina que oscila entre el 21% y el 27%, dependiendo de la antigüedad de la compañía. Esta cifra contrasta con la de las empresas no familiares, donde la presencia femenina en cargos directivos se sitúa entre el 12% y el 21%. La diferencia, que es más acusada en las empresas más jóvenes, sugiere que el modelo familiar ofrece más oportunidades de acceso a posiciones de responsabilidad para las mujeres.

Esta mayor presencia femenina en la empresa familiar puede explicarse por factores como la confianza en los miembros de la familia, la flexibilidad en la conciliación y una sensibilidad más elevada por parte de las fundadoras y fundadores a la hora de abrir espacios de liderazgo a las generaciones femeninas. No obstante, el informe no ofrece un análisis detallado de las causas, y los expertos señalan que la brecha de género en altos cargos continúa siendo un reto pendiente, aunque con una evolución más favorable en el entorno familiar.

Otro de los aspectos destacados del estudio es la comparación de productividad entre empresas familiares y no familiares. El informe remarca que las compañías de propiedad familiar son, en proporción, más intensivas en personal, lo cual se traduce en una facturación por trabajador inferior a la de las empresas no familiares. Esta característica refleja la mayor capacidad de la empresa familiar para generar empleo, pero también una menor eficiencia en términos de productividad por empleado.

Sin embargo, el estudio matiza que la facturación por trabajador es creciente en las empresas familiares a medida que aumenta su tamaño, sobre todo entre las compañías medianas y grandes. Esta tendencia indica que, a medida que la empresa familiar gana escala y profesionaliza su gestión, puede reducir el diferencial de productividad que la separa de las compañías no familiares. El informe también afirma que, a pesar de que la empresa familiar factura menos en términos absolutos que la no familiar, es capaz de generar rentabilidades superiores en la mayoría de los casos, lo cual refleja una gestión más cuidadosa de los costes y una orientación a largo plazo.