El Ibex-35 ha comenzado la sesión de este jueves prácticamente en tablas, una circunstancia que le ha permitido mantener la cota de los 19.200 enteros y situarse en los 19.234,2 puntos. El selectivo madrileño muestra así una cierta estabilidad después de las oscilaciones de las jornadas anteriores, en las que había alternado subidas y bajadas en función de la evolución de los mercados internacionales y de las noticias sobre el petróleo y los tipos de interés. Esta estabilidad relativa indica que los inversores se encuentran en un momento de prudencia, a la espera de conocer nuevos datos que puedan orientar sus decisiones. La temporada de resultados del tercer trimestre, que está a punto de comenzar, es uno de los factores que más condicionan el comportamiento de los mercados en estos momentos, ya que permitirá contrastar las expectativas con las cifras reales de las empresas.
En los primeros compases de la negociación, los mayores ascensos del Ibex-35 los protagonizaban Cellnex (+2,7%), Telefónica (+2,1%), Grifols (+1,9%) e Inditex (+1,3%). El caso de Cellnex es especialmente destacado porque se trata de una empresa de infraestructuras de telecomunicaciones que acostumbra a comportarse bien en entornos de incertidumbre, gracias a sus ingresos recurrentes y a su condición de valor defensivo. Su ascenso indica que hay inversores que buscan refugio en activos más estables. Telefónica, por su parte, recupera posiciones después de haber sido uno de los valores más castigados en las jornadas precedentes. La operadora había caído con fuerza en las últimas sesiones, y este jueves parece que encuentra apoyo entre los compradores. Grifols e Inditex completan la lista de valores más destacados. La farmacéutica y la compañía textil son dos de las empresas con más peso en el Ibex-35 y su comportamiento tiene una influencia significativa en la evolución del selectivo.
Los valores más castigados
En el extremo opuesto, las mayores caídas en los primeros instantes de la sesión correspondían a ArcelorMittal (-2,2%), ACS (-1,8%), Solaria (-1,2%) y Puig (-1%). El descenso de ArcelorMittal es especialmente significativo porque la siderúrgica había liderado los ascensos en la jornada anterior. Este jueves, sin embargo, gira la tendencia y se sitúa entre los peores comportamientos del selectivo, reflejando la volatilidad que afecta a los valores industriales en función de la evolución de los costes energéticos.
ACS, por su parte, cae después de haber anunciado la adjudicación de trabajos energéticos en Australia por casi 300 millones de euros. Esta aparente paradoja —una buena noticia que no se traduce en una subida de la cotización— puede explicarse por el hecho de que los inversores estuvieran anticipando el anuncio o porque prefieran recoger beneficios después de las subidas recientes. Solaria, perteneciente al sector de las energías renovables, también se sitúa entre los valores más castigados, mientras que Puig completa la lista de caídas más destacadas.
Las principales bolsas europeas inauguraban la jornada con signo mixto. Londres y París subían un 0,1% a las 9:20 horas, mientras que Milán se dejaba un 0,4%. Por su parte, Fráncfort retrocedía un 0,3%. Esta divergencia entre las plazas europeas refleja las diferentes sensibilidades de cada mercado. Milán, con un peso importante del sector bancario y de las empresas intensivas en energía, acostumbra a ser más sensible a los movimientos del petróleo y de la renta fija. Fráncfort, por su parte, tiene una composición más industrial y exportadora, lo que la hace más dependiente de la evolución del comercio internacional.
En el mercado de divisas, el euro recuperaba posiciones en su cruce con el dólar, hasta negociarse a un tipo de cambio de 1,1213 dólares por euro. Esta apreciación de la moneda europea supone un cambio respecto a las jornadas anteriores, en las que el dólar se había fortalecido como activo refugio ante la incertidumbre de los mercados. En cuanto al mercado de deuda, el rendimiento del bono español a diez años retrocedía hasta el 4,009%. Este descenso de la rentabilidad indica que los inversores están dispuestos a pagar más por los bonos españoles, lo que se traduce en una reducción del coste de financiación para el Estado. También sugiere que las expectativas de tipos de interés podrían estar moderándose ligeramente.
