La presidenta del Banco Santander, Ana Botín, ha aprovechado la inauguración del Foro ICEX 2026 para lanzar una crítica contundente contra el exceso de regulación en la Unión Europea. Botín ha defendido la necesidad de una regulación "inteligente" y ha advertido que la actual sobrecarga normativa supone "un impuesto para todos los ciudadanos europeos".
La dirigente bancaria ha subrayado que, aunque la regulación es necesaria, la acumulación de normas ha llegado a un punto en que perjudica la competitividad de las empresas y la actividad económica, especialmente en un contexto de transformación tecnológica acelerada. Botín ha insistido en que la economía de mercado funciona con competencia y transparencia, pero ha recordado que la regulación debe ser proporcionada y no debe convertirse en una barrera para la actividad empresarial. "No digo que no se regule, pero nos hemos pasado", ha sentenciado.
La presidenta del Santander ha puesto el acento en el hecho de que, en una era de cambios tecnológicos acelerados, la capacidad de las empresas para adaptarse y competir se ve limitada por la carga burocrática que soportan. El exceso de normativa, según Botín, no solo afecta a las grandes corporaciones, sino que tiene un impacto especialmente negativo sobre las pequeñas y medianas empresas, que disponen de menos recursos para hacer frente a los costes de cumplimiento normativo. La presidenta del Santander ha contrapuesto la situación de Europa con la de Estados Unidos, donde el mercado es más homogéneo y la regulación menos fragmentada.
"El problema que tiene España no es España, es Europa", ha afirmado Botín, antes de preguntarse por qué las empresas están invirtiendo más en Estados Unidos. La respuesta, según la dirigente bancaria, es que el mercado estadounidense es único y grande, mientras que en Europa las empresas se enfrentan a 27 regulaciones diferentes, lo que encarece y complica la actividad transfronteriza. Esta fragmentación, ha añadido, se traduce en un aumento de los costes operativos y en una pérdida de eficiencia que perjudica la competitividad de las empresas europeas.
Botín ha destacado que, incluso dentro de España, todos los territorios tienen normativas divergentes. Aunque esto afecta menos al Santander por su gran volumen de operaciones, la presidenta ha recordado que las empresas más pequeñas sufren especialmente esta fragmentación, que limita su capacidad de crecimiento e internacionalización. La dirigente del Santander ha defendido una mayor armonización normativa dentro de la UE para reducir esta carga administrativa, que considera un obstáculo para el desarrollo de un mercado único verdaderamente integrado.
El eje de la estrategia del Santander
Más allá de la crítica reguladora, Botín ha reivindicado el compromiso del Banco Santander con sus clientes, sus trabajadores y la sociedad en general. "Yo no solo trabajo para mis accionistas, trabajo también para mi equipo, para mis clientes y para la sociedad", ha afirmado. La presidenta ha subrayado que este compromiso es una parte fundamental de la cultura del Santander y que guía las decisiones estratégicas de la entidad. Esta visión de la banca como un actor social, ha dicho, implica asumir responsabilidades que van más allá de la mera maximización del beneficio.
Botín ha destacado que el banco tiene actualmente 180 millones de clientes, después de haber sumado 70 millones en la última década. La previsión de la compañía es aumentar en 30 millones más en los próximos tres años, lo cual demuestra la confianza en su capacidad de crecimiento. La presidenta ha enmarcado este crecimiento en su compromiso con la sociedad, ofreciendo servicios financieros que respondan a las necesidades de los clientes en un entorno cambiante. La dirigente del Santander ha insistido en que el objetivo de la entidad es continuar creciendo de manera sostenible y contribuyendo al desarrollo económico de los mercados donde opera, y que la reducción de la carga regulatoria es una condición indispensable para alcanzar este objetivo.