"Hoy comparezco en calidad de padre de dos hijos adolescentes". Con estas palabras ha comenzado Carles Francino su intervención más reciente en el programa Morning Box de Los 40 Classic en una sección imprescindible que hace cada miércoles el de Reus. Una sección, la 'Vidateca', en la que nos habla de diferentes canciones que relaciona de manera directa con un recuerdo suyo, una vivencia, una experiencia del pasado, que a menudo, es positiva, bonita, divertida o positiva, pero que a veces, le remite a un recuerdo triste, a algún hecho que no acabó como él hubiera querido que acabara. Sea como sea, una sección deliciosa, con la manera tan maravillosa como explica las cosas el gran Francino, y con la sinceridad que le caracteriza. Y este miércoles, como veían, la cosa tenía que ver con aquella época que sufren (sufrimos) los padres que tienen (tenemos) hijos adolescentes, aquella época insoportable por la que todos hemos pasado, pero que cuando estás al otro lado, se hace pesadísima.

Carles Francino, con Javier Penedo y Andrea Sánchez IG
Carles Francino, con Javier Penedo y Andrea Sánchez IG

Bajo el lema Adolescentes, rebeldía y límites, Carles habla de su propia experiencia... tanto cuando él es ahora padre de unos adolescentes, como cuando era hijo adolescente de sus padres. "Casi todo es una discusión", dice, del día a día con sus hijos: "Las horas de salida, las horas de llegada, el regreso a casa, el móvil...". ¿Cómo negocia él con sus hijos adolescentes? Y él admite que "con paciencia, con paciencia", pero a la vez, admite que "seamos sinceros, mirando un poquito para atrás... cuando tenemos esta edad, siempre hemos tenido ese gen de la rebeldía, de protestar, de reivindicar". Y como muestra, un botón, un ejemplo que demuestra que él también pasó por aquella época en la que protestaba cuando sus padres no le dejaban hacer lo que él quería hacer.

carles francino padre IG
 

Y recuerda, concretamente, una Nochevieja cuando él tenía 14, 15 años. Una noche que no olvidará nunca. Entonces, tenía "un proyecto de... algo parecido a una novia, en una ciudad fuera de Tarragona, que no diré cuál es". Evidentemente, aquella noche, la última noche del año, la noche de fiesta grande, de desearse un feliz año nuevo, de besarse con quien te quieres, Carles "quería ir a verla. Tenía que ir haciendo auto-stop". Pero sus padres dijeron que nanay, nada de nada, "se mostraron inflexibles: 'No podrás ir fuera, pero si quieres salir un rato con los amigos'", fue lo máximo que consiguió. ¿Cómo y dónde acabó aquella noche, la última noche del año? De manera amarga: "Terminé en la plaza del ayuntamiento de Tarragona, en un bar, con un amigo, poniendo en bucle una canción de Gilbert O'Sullivan que no puede ser más moña". ¿Cuál? Esta: Alone again:

Una canción que siempre que la escucha, le viene a la cabeza aquel desencanto que sintió cuando era un adolescente y no pudo ir a ver a su novia por Nochevieja. Una noche donde se quedó solo con un amigo, "jodido, pero ahí aprendí, a parte de quedarme jodido por una noche, aprendí, entre otras muchas cosas, que cuando alguien te pone un límite, 1) lo intenta hacer por tu bien, y 2) lo tienes que aceptar".

Seguiré los consejos de Carles cuando mi hijo adolescente me saque de quicio (eso sí, sin la canción de Gilbert O'Sullivan de fondo, que me parece infame).