No hay que irse muy lejos para hablar de Ray Eames. Fue una influyente diseñadora estadounidense, también pintora y arquitecta. Revolucionó el diseño moderno con sus icónicas sillas, un proyecto que realizó formando equipo con su marido. Nació en 1912 y falleció en 1988. Dio sus primeros pasos en el arte, estudió en la escuela de Hans Hofmann en Nueva York, antes de conocer a Charles Eames en la Academia de Arte Cranbrook. En aquella época el papel de la mujer quedaba oculto en el del hombre, prácticamente él era quien se llevaba todos los reconocimientos cuando formaron una oficina juntos. No obstante, era una pieza fundamental del engranaje. Se ocupó de la dirección creativa y el desarrollo de varios proyectos. Se la reconoció como una figura clave en el diseño del siglo XX.
Ray Eames intentaba que todos sus diseños fuesen funcionales antes que bellos. “Lo que funciona bien permanece en el tiempo”, decía. Era un concepto que tenía muy claro y así lo plasmaba. En los años actuales probablemente no hubiese triunfado porque a día de hoy todo entra por la vista, más que por la comodidad, eso se valora después.

Para ella un diseño tiene que cumplir su propósito, resolver una necesidad, ser práctico, eficiente y usar bien los recursos. En definitiva, de utilidad. No se trata de apariencia. Sus sillas no debían ser las más bonitas del mercado, sino cómodas y resistentes, esa es la finalidad de una silla. Sentarte.
Mejor funcional que bello
Con la palabra “bello” se refiere lógicamente a la estética del objeto en cuestión. Algo que es agradable a la vista, que a simple vista puede parecer elegante, algo que está de moda. Sin embargo, la estética puede ser superficial o duradera. Las tendencias cambian constantemente, hay estilos que se vuelven obsoleto, aparecen cosas nuevas mejor preparadas. Y hay apariencias que envejecen mal.
Es decir, algo funcional es algo permanente, sin embargo, algo bello es temporal. Lo funcional siempre tendrá un mayor valor, ya que sirve todos los días, no depende de modas, no necesita de adornos para justificar su existencia y dura más porque fue bien pensado.
En su idea de permanencia, si algo funciona bien suele tener calidad de construcción, economía de recursos, eficiencia, adaptabilidad, robustez frente al paso del tiempo. Dura porque está bien hecho. Algo que es bello es frágil, envejece rápidamente, puede estar mal diseñado y puede perder atractivo cuando cambian los gustos.
Su idea está relacionada con varias corrientes del diseño. Bauhaus, “la forma sigue a la función”: el diseño debe nacer de la utilidad, no del adorno. Minimalismo funcional, menos ornamento, más eficiencia. Arquitectura moderna, sostiene que la belleza auténtica surge de la estructura y la lógica del objeto, no del decorado. La belleza siempre es efímera.