El partido que el Manchester City jugó ayer contra el Tottenham en la Champions no empezó ayer a las 9 de la noche en el Etihad Stadium. Para algunos, empezó mucho antes. Incluso, no empezó el día del Iniestazo en Stanford Bridge, con Pep Guardiola siendo el entrenador del Barça, y con algunos como Tomás Roncero llorando desde entonces por el arbitraje de Obrevo.

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La derrota de ayer de los citizens, y la consecuente eliminación en los cuartos de final de la Champions, empezó a gestarse, para muchos haters, el día que el de Santpedor se significó sobre los presos políticos, luciendo un lazo amarillo en la chaqueta y posicionándose en favor de un referéndum sobre la independencia de Catalunya.

Pep Guardiola Manchester City lazo amarillo EFE

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Porque aquel día Pep Guardiola empezó a ser visto no sólo como el entrenador que superó al Barça de Cruyff, no sólo como el abanderado de un estilo de juego basado en la posesión y el toque, no sólo como el culé de cuna que se convierte en el mejor entrenador del mundo con el equipo de sus amores. Aquel día, el técnico empezó a ser juzgado no sólo por sus éxitos o fracasos futbolísticos, sino también, y especialmente, por sus inquietudes sociales y políticas. Y sólo le faltaba al entrenador del City tocar el cielo con un gol en el último minuto y que en 10 segundos lo bajaran a los infiernos después de revisarlo con el VAR.

La alegría nada disimulada por su pena ha desatado lamentables insultos hacia su persona y una mofa generalizada por su condición de catalán independentista. Unos ataques infectos, una alegría desatada, empezando por el mismo Josep Pedrerol dándole al "me gusta" a tuits que relacionaban el revés sufrido por Guardiola en pocos segundos con la situación en Catalunya. Muchos otros usuarios no se han quedado aquí y han soltado todo su odio con más contundencia que los delanteros del equipo de Pochettino:

Después dirán que el fútbol y la política no se tienen que mezclar.

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