Hace unos días, por Sant Jordi, los catalanes, además de llenar las calles de nuestro país de amor, de rosas y de libros, también decidieron que el libro más vendido de no ficción en catalán fuera el Manual de defensa del català de Òscar Andreu. Un libro indispensable para todos los que amamos nuestra lengua. Un manual que, como él dice, muestra "las aventuras y desventuras de un catalanohablante de ascendencia andaluza en la capital de Catalunya bien entrado el siglo XXI, y cómo topa de manera fortuita con la fórmula para salvar la lengua". Una obra que vale mucho la pena tener, y sobre todo, leer, para entender qué pasa en Catalunya y en las españas en cuanto a nuestra querida lengua. Andreu, que tiene la sana virtud de no quedarse callado cuando se trata de defender el catalán, no solo ha dejado constancia de qué pasa en las páginas de este libro, sino que también se le entiende todo cuando habla claro y catalán en las diferentes entrevistas que le están haciendo con motivo de esta exitosa publicación.
El presentador del Està passant de TV3 y de La competència de RAC1 no tiene miedo a señalar a la gente que habla castellano que vive o viene a Catalunya: "Tienes una lengua hablada por más de 500 millones de personas, que es mayoritaria en todas partes, en el ocio, en los medios, en la Justicia, en la Policía... pero encuentras a alguien que se expresa en catalán y, de repente, empiezas a llorar y a ponerte muy nervioso", dice en una entrevista excelente de Ona Falcó al diario Público. Por eso, Andreu no busca suavizar ninguna palabra ni definición y habla abiertamente de "supremacistas, porque consideran que su lengua está por encima, hasta el punto de que tú no te has de expresar en tu lengua". Cuando el mencionado medio le pregunta si "¿No le da miedo usar la palabra "supremacismo?", él lo tiene claro y responde.
"No me da miedo porque es exactamente eso. Un supremacista es alguien que se cree superior por hablar una lengua, aunque no sea su país. Es una historia de supremacismo que se aplica en Catalunya, pero también en América Latina. No me parece fuerte, me parece la palabra correcta", y compara "el supremacismo frágil" con "la masculinidad frágil: igual que los hombres que siempre han ocupado los espacios mayoritarios y que salen a pedir el día del hombre. El día del hombre es todos los días. Dejad de llorar". Se puede decir más alto, pero no más claro.
El autor es consciente de la enorme e infame catalanofobia que se respira en España, tanto por parte del poder judicial como por parte de algunos partidos políticos y determinados sectores de la sociedad, así como las discriminaciones lingüísticas que aumentan año tras año en Catalunya: "No podemos esconder más este racismo, que es la catalanofobia. Hasta ahora se había ocultado bastante, pero ahora la gente ya no tiene miedo de explicar que se le está tratando de una manera indigna y, sobre todo, injusta. Es un punto de inflexión y me llena de esperanza".
