Karl Marx desafió todas las reglas. Nació en la cultura del romanticismo y se convirtió en un joven rebelde de la época. Su padre era un rico abogado de ascendencia judía que se pasó al cristianismo antes de nacer él. Lo introdujo en el pensamiento liberal de la ilustración y en la crítica al régimen absolutista prusiano.

Karl Marx (Gaston Vuillier)

Estudió derecho y filosofía y fue allí donde entró en contacto con el pensamiento de Hegel, el más influyente de aquella época. En la filosofía de Marx, dice que los seres humanos tienden a proyectar sus cosas en Dios, lo ven como un ente todopoderoso que es capaz de ayudarles. Se dirigen a él por su poder, su inteligencia, bondad, justicia y capacidad de crear y decidir. “Dios castiga” o “Dios proveerá”.

“Menos deja para sí mismo”, dice. Según Marx al dirigirte a Dios te quitas una cierta responsabilidad de tus problemas, te quita poder de acción y también capacidad de cambiar la realidad. Crees que todo está por encima de ti. Si todo lo hace Dios, el hombre no hace nada.

No hay que culpar a Dios de todo lo que nos pasa 

Aquí hablamos de la idea de alienación. Para Karl Marx, la religión funciona como un consuelo, pero también como una separación del hombre consigo mismo. El ser humano crea la idea de Dios, le entrega lo mejor de sí, pero a la vez se siente pequeño, impotente y dependiente.

Por ejemplo, una persona sin tantos recuerdos cree que esa es su situación porque Dios lo ha querido así. Le ha enseñado algo, acepta la realidad y no hace nada por cambiar esa situación. Cree que será beneficiado por Dios en el cielo. Por tanto, aceptas una injusticia, no cuestionas la situación y tampoco luchas por salir de esa vida. Te conformas.

En ningún momento Marx critica la espiritualidad, tampoco la necesidad de sentido. Ataca el uso de la religión para justificar desigualdad, y al papel de la fe como calmante del dolor. Seguro que conoces esa frase del “opio del pueblo”.

Marx quiere que el hombre recupere lo que proyectó fuera, sea la persona protagonista de su vida y capaz de responsabilizarse y transformar. El filósofo no diría “Dios hará justicia”, sino “la justicia la hacemos nosotros”.

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