La Mancha tiene tres nombres que destacan por encima del resto: el Quijote, Andrés Iniesta y Joaquín Reyes. Del "hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor" que vivía "en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme" no consta que más allá de su pasión por Dulcinea y los molinos le gustara también el Barça, pero es curioso cómo los otros dos son dos culés hasta la médula. Uno, jugó toda la vida en el club blaugrana, mito absoluto, uno de los mejores jugadores de la historia, y el autor del icónico gol de Stanford Bridge. Del otro, el cómico, no se conocía tanto su locura por el Barça, de la que ha hablado antes del Clásico en una conversación extraordinaria con Roberto Rodríguez en La Vanguardia. El maravilloso humorista, padre de Muchachada Nui, ídolo por sus "Celeeeeebrities" donde imita a todo el mundo de la misma manera, ha revelado de dónde le viene esta pasión culé.

De Lamine Yamal dice que le gusta tanto que incluso "Me gusta el bigotico que lleva", aunque, Iniesta aparte, por razones de proximidad ("el gol al Chelsea lo estaba viendo con Marta, mi mujer. Me dio una especie de síncope. Me quedé ahí, mirándola, sin reaccionar. Fue tremendo"), a él le encantaban los jugadores de los 80: Lineker, Lobo Carrasco, Alexanco o Julio Alberto. ¿Por qué se hizo del Barça, cuando en aquellos años nadie en Albacete lo era? "En el colegio éramos dos, Juanfran y yo. El resto eran del Madrid. Me regalaron una camiseta del Barça con un parche de Johan Cruyff. Era superbonita". Tenía 5 años y aquellos colores lo enamoraron, y eso que en aquella década ganábamos alguna Recopa y para de contar.

Una pasión blaugrana que fue a más, con comportamientos enloquecidos defendiendo al Barça y enfadándose cuando las cosas no han ido bien. Reconoce que antes gritaba como un loco, "montaba pollos, insultaba a los vecinos... Me metí en trifulcas vecinales. En una Liga que remontaba el Madrid, me insultaba con un vecino de enfrente. Le decía: “¡Hijo de puta!”. Y él me contestaba lo mismo. Luego nos encontrábamos y nos decíamos: “Buenos días”". Pero hay más barbaridades: en un bar de una amiga en el barrio madrileño de Malasaña estaban viendo la semifinal contra el Inter de Mourinho, aquella donde anularon este gol a Bojan...

...y Reyes estalló: "Con el gol que le anulan a Bojan le metí una patada a la máquina de tabaco. Mi amiga siempre me lo recuerda. Me da una vergüenza terrible porque, además, estaba su madre". En cambio, cuando las cosas salen bien, se vuelve loco, él y su hijo, como pasó en la remontada contra el PSG, con el gol de Sergi Roberto, cuando su hijo acabó en calzoncillos: "Sí, fue así, tal cual. Fue una remontada tremenda. Hubo una especie de catarsis padre e hijo". Admite que en dos finales de Champions estaba trabajando, en la de Luis Enrique, haciendo función, le pusieron una tele al lado del escenario y la iba mirando. Y en la última Champions con Guardiola, en Tudela, "le dije al técnico de sonido: “Si mete un gol el Barça, lo dices por la megafonía. Si lo mete el Manchester, no”. Y mientras actuaba se escuchó: “Gol de Villa”. Hice la actuación rapidísimo y me fui a un bar a ver la segunda parte".

Maravilloso. Joaquín Reyes, más culé que el palo de la bandera. Pero ya le avisamos con tiempo, por si nos lee: Joaquín, el próximo sábado 5 de junio de 2027, no te pongas ningún rodaje ni ninguna función de teatro. Porque el Barça jugará la final de la Champions en el Metropolitano.