Qué alegría. Qué felicidad. Cómo brilla esta mañana de jueves. Qué bien hemos dormido los culés esta noche. Es lo que tiene que después de la pena inmensa del martes por la noche con la injusta eliminación del Barça en la Champions en el campo del Atlético, por culpa de un arbitraje repugnante (como dijo el presidente Laporta ayer, "el arbitraje, tanto del árbitro como del VAR, una vergüenza. Es intolerable lo que nos han hecho. El gol de Ferran era gol, el penalti a Olmo era penalti, la agresión a Fermín es intolerable. Le han abierto la parte del labio. Ni tarjeta. No es admisible"), al día siguiente, miércoles, esperáramos con un nudo en el estómago el partido entre el Bayern de Múnich y el Real Madrid. Y los culés, como siempre en la Champions, y de manera inexplicable, vieron cómo el portero rival nuevamente les hacía un regalo, cómo el árbitro pitaba una falta que no era a favor de los blancos en el 1 a 2, o cómo no pitaba una falta que sí era contra el Madrid en el 2 a 3. Al descanso, eliminatoria igualada.

Temíamos lo peor. Temíamos una nueva remontada merengue en su competición fetiche. Temíamos que eliminara a un equipo superior que juega mucho mejor que ellos... Pero cuando ya pensábamos que marcaría el Madrid al final, Camavinga se convirtió en héroe culé, y se autoexpulsó, provocando indignación merengue y euforia blaugrana. Y poco después, el gol de Luis Díaz que dejaba en la lona a los de Arbeloa, y en el descuento, el 4 a 3 definitivo, provocando el delirio en muchos hogares catalanes. Porque sí. Porque las derrotas del Barça duelen menos si también palma el Madrid. Porque el Madrid del Balón de playa y de Mbappé puede sumar su segundo año consecutivo sin ganar nada de nada, otro nadaplete asoma, con el Barça a 9 puntos en la Liga, el único título que le queda (lejos) a los jugadores blancos.

¿Cómo se vivió la derrota del Madrid en TV3? A punto de empezar un nuevo programa del Onze del gran Xavier Valls. Un Onze que fue una fiesta cuando vieron el desenlace del partido en el Allianz Arena. El programa estaba a punto de empezar, justo cuando el partido estaba a punto de acabar. Y entre los tertulianos de este miércoles, un Joan Poquí enloquecido, que se abrazaba a Lluís Carrasco en el último de los goles del Bayern. Inmediatamente, el presentador aparece en escena con un cono gigante, en honor al cono-cido, Álvaro Arbeloa, el entrenador merengue. Lo coge Poquí, como si fuera un relevo en una carrera de atletismo, y empieza a gritar: "¡el cono-plete! ¡el cono-plete! The Chaaaampions! ¡Yuuuuu! ¡Toma! ¡Toma cono!!!", y justo en ese momento, aparece en pantalla la imagen de Arbeloa. Y Poquí, poniéndole el cono gigante a un palmo de su cara.

Poquí, maravilloso. El madridismo, echando espuma por la boca. El Madrid y Arbeloa, al carrer. O mejor dicho, a la strasse.