Han pasado diez años desde que padre e hijo, Julio Iglesias y Enrique Iglesias, no cruzan palabra. Frialdad, silencios prolongados y un distanciamiento que va mucho más allá de lo meramente artístico. Lo que comenzó siendo un simple roce de egos se ha convertido en una herida abierta que, según las fuentes cercanas a la familia, todavía no ha cicatrizado. Lo que es no hacer terapia.

El origen de esta pelea se remonta a los inicios de Enrique como artista. Julio, acostumbrado a ser el centro del escenario internacional, nunca aceptó del todo que su hijo triunfara con un estilo más juvenil y global. El cantante de “Bailando” no solo heredó el talento, sino también el magnetismo que catapultó a su padre a la cima de la música latina. Y aquí aparecieron los celos. Julio sentía que su legado se desdibujaba, mientras Enrique, reacio a cargar con la sombra del apellido, buscaba construir su propio imperio musical sin etiquetas.
Lo cierto es que Enrique siempre evitó cantar junto a su padre, algo que el público ansiaba ver. No era cuestión de oportunidad, sino de orgullo. Para él, compartir escenario con Julio significaba quedar relegado a “el hijo de”. Para Julio, en cambio, era incomprensible que Enrique rechazara una unión que habría sido histórica, y que seguramente le vendría bien. Ese desencuentro fue agrandando una brecha que ya nadie dentro de la familia ha sabido cerrar.
La familia Iglesias no se ve nunca, la última reunión completa ha sido hace años
La situación, además, se agravó con la vida personal. Julio Iglesias, hombre de romances interminables, nunca aprobó del todo la discreta relación de Enrique con Anna Kournikova. Enrique, por su parte, nunca entendió la distancia emocional de su padre respecto a sus hijos. Al final, los celos profesionales se mezclaron con reproches familiares.
Hoy, Julio vive retirado en Punta Cana, entre recuerdos y homenajes, mientras Enrique sigue llenando estadios en Estados Unidos y Latinoamérica. Ninguno se menciona en entrevistas, como si el otro no existiera. Ni siquiera en aniversarios, galas o premios de reconocimiento ha habido acercamientos.
La pregunta que muchos se hacen es si algún día veremos la reconciliación. De momento, parece lejana. Los Iglesias viven atrapados en una rivalidad donde el orgullo pesa más que la sangre. Un pulso de padre e hijo convertido en un duelo sin final.
