Hace poco, la gran Elsa Anka ha hecho lo que mejor sabe hacer, presentar, en un acto especial para ella, junto a su pareja, Santiago Tejedor, entrevistando a "David Jiménez, un periodista amigo al que admiro por su honestidad y sus valores; a Jaime Astrain, familia, al que fue especial escuchar desde ese lugar; y a Edu Martínez con su particular llave —que para mí es como una varita mágica— para acercarnos al subconsciente". Un acto emocionante, especial, "hay miradas que cuentan mucho. Creo que la mía en estas fotos habla por sí sola. Habla de sentimientos, de complicidad y sobre todo, de respeto y de admiración. Y de cuánto disfruto haciendo mi trabajo. Esta vez, contigo, Tejedor". Un acto en el que "hablamos de la vida y de viajes. Pusimos foco en ese que solemos dejar pendiente en muchas ocasiones: el viaje hacia nuestro interior. Quizás el más difícil. Pero diría que el más necesario".
Ciertamente, el viaje al interior es el más complicado. Pero otro viaje que ha hecho recientemente la presentadora catalana, con su pareja, también ha sido muy especial para ella, por motivos muy diferentes. Porque Elsa y Santiago han hecho las maletas y han marchado lejos de casa para hacer uno de esos viajes que la pareja tenía marcados en rojo en su agenda, un viaje especialmente importante para ella, que hacía tiempo que quería verse en aquel país. ¿Cuál? Egipto. La presentadora y su novio han ido hacia allí y en cuanto ha tenido las pirámides delante, se ha conmovido. Impactada por lo que tenía delante, Anka ha compartido con sus seguidores en redes que "Cuando las pirámides de Guiza han aparecido a lo lejos, detrás de los edificios, me he emocionado. Y no es solo una expresión: no he podido contener las lágrimas".
Elsa, llorando de la emoción muchos y muchos años después de haberse instalado en su cerebro cómo sería visitar aquellos lugares emblemáticos que le aparecían en sus libros en la escuela cuando hacía clase de historia: "Keops, Kefrén y Micerino. Tres nombres aprendidos en el colegio que nunca olvidé. De pronto, estaban ahí. Y yo, delante". Como ella reconoce, "No sé explicar del todo lo que he sentido. Conexión, energía y una extraña sensación de reconocer un lugar en el que nunca había estado". Hasta ahora, cuando ha podido satisfacer su deseo.
"Lo hemos vivido este verano, el mismo sentimiento", "Es una maravilla todo aquello. Justo hace dos años que estuve y no se olvida", "A mí me pasó igual", "Qué maravilla Elsa, se te ve tan feliz!", le dicen sus seguidores. Un viaje que habrá servido para que la pareja Elsa-Santiago refuerce aún más su compromiso y su amor. Un viaje más que ha hecho esta pareja que en cuanto tiene algunos días, hace las maletas y se va a descubrir nuevos mundos, como pasó el verano cuando fueron a Panamá. Pero como dice la misma Elsa, "Parece obvio pensar que viajamos para conocer lugares. Pero Santi me ha enseñado que lo más importante al viajar es aprender a mirar. Viajar con él es entender que un destino nunca es solo un paisaje. Es la conversación con quien vive allí. La historia escondida detrás de una calle, de un local, de su gente, de una cultura. Es la pregunta que nadie hace. El silencio que también cuenta".
