Jordi Robirosa hace meses que colgó las botas. El apustuflante y añorado periodista de TV3, uno de los históricos de la cadena, se jubiló después de toda una vida dedicada a hablar de deportes, especialmente de baloncesto, en la Televisión Pública catalana. Un tipo toda bonhomía, con unos conocimientos excepcionales y una manera única de informar, con un estilo propio, reconocible, personal y con unos espectadores encantados con él. Pero lo que decíamos, más allá de su talento como presentador y periodista, más allá de su vertiente profesional, uno de los secretos del éxito de Jordi es que es una persona encantadora, de quien no oiréis decir una mala palabra a nadie.
Un Jordi Robirosa que desde que decidió decir adiós, desde que dejó el trabajo, está más fino que nunca (y ya es decir, hablando de un tipo brillante como él), especialmente, vía redes. El periodista catalán las suelta sin pelos en la lengua, y cuando una cosa le toca la fibra, alza la voz. Y a quien no le guste, que se aguante. Lo ha hecho recientemente después de la lamentable imagen que vimos de un joven aficionado culé en Elche con quien la policía empleó una fuerza bruta, reduciéndolo de mala manera por lucir una estelada. Un hecho ignominioso, abyecto, del que habló todo el mundo. Un hecho que provocó que Laporta decidiera, bien decidido, no hacer el homenaje a los campeones del Mundial, los jugadores culés que ganaron la segunda estrella defendiendo la selección española. Un homenaje que tenía que tener lugar antes del partido contra el Athletic Club en el Camp Nou.
Unas imágenes que duelen, con un Robirosa diciendo las cosas claras y cuestionando en voz alta lo que han hecho y han dejado de hacer muchos: "Creo que todas las personas mínimamente dignas deben haberse espantado ante la brutal paliza que recibió este chico, menor, por el solo hecho de llevar una bandera estelada que, cabe recordarlo, no es ilegal. Preocupan muchas cosas. La violencia gratuita que a menudo emplean unas personas con poca formación cultural, por decirlo suave, y escoradas a la extrema derecha y al anticatalanismo más rancio. Ellos, que deberían velar por nuestra seguridad. Preocupa que todo esto se normalice y sea habitual atizar el fuego contra Catalunya desde muchas vertientes: políticos y de medios de comunicación, sobre todo".
Jordi, además del baloncesto, tiene dos grandes pasiones más: su familia y el Fulham, el histórico club inglés de fútbol. Y a veces, ha reunido las dos pasiones, como las muchas veces que ha ido con su hijo a la grada del conjunto de Londres.
Un Fulham que, recordemos, esta temporada ha cambiado de entrenador. Quien se sienta ahora en el banquillo del Fulham es un viejo cono-cido, el pelota más destacado de Mourinho, Álvaro Arbeloa. Un Arbeloa que después de fracasar entrenando al Madrid, ahora hará lo mismo en el conjunto inglés, con quien de momento, ya suma dos derrotas en los dos primeros partidos de Liga. Los aficionados ingleses no saben lo que les espera con Arbeloa en el banquillo. Jordi Robirosa sí lo sabe. Por eso ha tomado una drástica decisión: cambiar de equipo hasta que no se vaya Arbeloa. "¡No sabéis hasta qué punto nos disgusta que el cono sea el entrenador de nuestro Fulham! ¡Hasta qué punto nos revienta que los merengones que, hasta hace poco no sabían ni dónde estaba el Cottage, ahora les digan aquello tan lúgubre de "hala Fulham"! Pedimos excedencia mientras dure esta ignominia y, mientras tanto, cruzamos el río y vamos al norte a la sede del Charlton Athletic. Nos vemos en The Valley":
Le entendemos perfectamente.
