Al gremio de los mejores cocineros, los de alta cocina, le persigue una leyenda negra: el consumo de cocaína para soportar la presión del trabajo, los horarios infernales y la tensión existente en un servicio que requiere precisión milimétrica y coordinación con todos los trabajadores del restaurante, tanto en la cocina como en la sala. Series de TV como The Bear han servido para enseñar la parte oscura de las cocinas de los grandes restaurantes, con problemas de salud mental arrastrados por el estrés y la presión. Gènesi de TV3 es en este sentido una serie blanca, mostrando El Bulli cuando era el mejor restaurante del mundo solo desde la tensión creativa, sin partes oscuras. Pero la leyenda tiene parte de verdad. Sergi Arola nunca habló de adicciones pero sí de la depresión que sufrió cuando se arruinó. O Raül Balam Ruscalleda, el hijo de Carme Ruscalleda, cocinero del Restaurant Moments del Hotel Mandarin del paseo de Gràcia y de los pocos que ha reconocido abiertamente su condición de adicto a la cocaína, la segunda droga después del alcohol con más adictos y la que provoca más muertes por sobredosis. Ahora ha pasado por el pódcast de salud mental de los famosos de RAC 1 Sense filtres.
Raül Balam nunca ha tenido inconveniente en explicar su descenso a los infiernos del consumo habitual de cocaína durante trece años y ahora lo hace en un programa especialmente dedicado a los famosos con enfermedades mentales. Raül Balam: "La droga entra con una primera copa de alcohol, con amigos como algo normal, pero yo tengo más predisposición y me atrapó poco a poco. La primera ingesta de cocaína fue la noche de Nochevieja de 1999. Mis padres me decían que bebía demasiado rápido de alcohol, tenía resistencia y cuando tomé coca me desinhibía, era más social, creía que aquella era mi droga. Me sentía muy poderoso. Bajé a los infiernos y pasó delante de todo el mundo. La cocaína es la droga VIP, es muy cara. Cuando ingresé para rehabilitarme pedía microcréditos para pagarme la coca, con la nómina no llegaba".
“Jo em sentia molt poderós”. El cuiner Raül Balam Ruscalleda s’obre amb @marta_caila al #Sensefiltres i explica com la seva addicció a la cocaïna el va fer baixar als inferns. 🎧 Escolta la conversa sencera amb @gencat a l’app i al web de RAC1! https://t.co/1s8iLGbALR
— RAC1 (@rac1) October 25, 2026
Balam culpa en parte a sus padres por invitarle a la primera copa de cava o de vino siendo menor: "Toda droga te cambia la forma de ser, era eufórico, era déspota, era una enfermedad mental. Había noches que tenía desesperación por la coca y solo tenerla en el bolsillo me calmaba y ni la llegaba a consumir. Al final cogí una baja y lo disfrazas de depresión. Mis compañeros de trabajo sabían lo que me pasaba. Mi hermana Mercè tuvo la valentía para decirles a los padres que yo tenía un problema, que se me había ido de las manos. Era un animalito, que quería consumir y vivir como podía, sin vida social, ensuciaba, todo me daba igual. No podía dejarlo, mis padres me arrastraron al médico de cabecera. El alcohol era un desinhibidor para consumir coca. Es una enfermedad de autoengaño, siempre buscas caminos para consumirla. Si yo tenía un servicio de cocina desastroso iba al bar a ahogar las penas, que una copa me tranquilizara. Y si el servicio iba bien iba al bar a celebrarlo. La cabeza te engaña para acabar siempre en el mismo sitio. Hasta que los padres me llevaron a la clínica de desintoxicación".
Cómo fue para un cocinero mediático, ahora tiene un programa en Ràdio 4 y conocido por ser hijo de la mejor cocinera del mundo, Carme Ruscalleda, ingresar en un centro para dejar la cocaína: "Me dijeron que tenía una enfermedad mental y que tenía solución. Tres meses ingresado, después un año en un piso tutelado, y haciendo terapia diaria cuatro años. Me curé hablando". Renunció a todo, al trabajo, a los amigos buenos o malos (hay gente en el pueblo a los que ahora les gira la cara), no a la pareja. Su novio lo acompañó en el proceso. Y salió adelante. Hablando de ello.
