La familia real está pasando el confinamiento, como todo el mundo, en casa. Claro está que con las dimensiones de la suya dudamos de que se les caigan las paredes encima de tantos días de confinamiento. Los reyes, haciendo teletrabajo desde el despacho de Felipe. Las infantas Elena y Cristina, teniendo a sus escoltas utilizados como chico de los recados ("Ve a por una pizza"; "Ve a por unos zapatos"). ¿Y los eméritos? Juan Carlos, encerrado y asustado por ser persona de riesgo, que no baja ni a ver a las sobrinas pequeñas de su hermana para que no lo contagien.

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¿Y su mujer? La reina Sofía se encuentra también en Zarzuela, es de esperar que bien separada, sin embargo, de su marido. La emérita no está pasando la cuarentena al lado de Juan Carlos, sino con otra persona de edad, su hermana pequeña, la princesa Irene de Grecia. Sofía tiene 81 años, Irene 77, y en estos tiempos de crisis se hacen compañía la una a la otra. La reina lleva tres semanas encerrada y está muy asustada. ¿Por ella? No. ¿Por Juan Carlos? No tiene pinta. Su desazón es por la salud de su hermano, el rey Constantino.

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Separados 3000 kilómetros, está en Grecia con su mujer, la reina Ana Maria, en una casa en el Peloponeso, según explica la revista Vanitatis. Constantino es más joven que Sofía, tiene 79 años, pero su salud ha sufrido muchas más sacudidas que su hermana mayor, como un ictus que lo dejó en silla de ruedas. Totalmente aislado para que nada ponga en peligro su vida. Y con su hermana llamándole en todo momento.