Felipe viste o de militar o con trajes hechos a medida sin ningún tipo de glamour, carisma ni signo de distinción. Es insípido de carácter, no sabe hablar en público, le falta incluso un tono de voz royal, con esa vocecita aflautada y los gallos que suelta en los discursos. Es tanta la falta de carisma que hace años se ha dejado barba, a diferencia de todos los reyes europeos de Carlos III a Federico de Dinamarca que se afeitan como signo de sobriedad, civilidad y elegancia. El mito de la supuesta elegancia del rey viene de una famosa foto en Wimbledon el año 2023 en la cual Felipe, para mostrar respeto a los códigos de vestimenta del prestigioso torneo londinense, vestía con ropa clara en el palco y mostró un aspecto que fue alabado por algún gurú de la moda. Aquel día sirvió a muchos para tapar la evidencia: la falta absoluta de gracia, personalidad y modernidad de Felipe vistiendo. Su súmmum de la elegancia es disfrazarse de militar, con decenas de medallas en el pecho y una gorra que le suele quedar pequeña. Jaime Peñafiel ha querido añadir una nueva pifia en el dress code del rey, cuando hace unos días fue con la reina y las hijas a una procesión.
Felipe quiso sustituir su tradicional asistencia a la misa del Domingo de Resurrección que se hacía cada Semana Santa en la Catedral de Palma. Desde que hubo aquel famoso incidente entre Letizia y la reina Sofía, un desprecio monumental de la joven a la suegra, que Felipe decidió cancelar aquel acto y lo ha sustituido por asistir a una procesión de alguna población madrileña. Jaime Peñafiel lo ha criticado en su columna de los sábados en OK Diario. Pero no critica que el jefe del Estado asista a actos católicos siendo España un Estado aconfesional, que no tiene ninguna religión oficial y por lo tanto Felipe debería ser neutral en asuntos religiosos. Peñafiel le critica la indumentaria poco respetuosa con la Semana Santa.
Escribe Peñafiel: "Felipe VI ha faltado el respeto a los ciudadanos durante su visita, el pasado Viernes Santo, al barrio madrileño de Carabanchel, donde ese día, precisamente ese que era nada menos que ¡Viernes Santo!, hacerlo descorbatado, despechugado como iba él, faltaba el respeto al personal que lo recibía con respetuoso entusiasmo, donde iba a celebrarse la procesión del silencio. Daba lo mismo que fuera Carabanchel, el Cristo de los Alabarderos que salió del Palacio Real o el barrio de Salamanca. ¿Pensaría sentirse más próximo a la gente de esa guisa? ¡Qué equivocado estaba!". Peñafiel considera que tratándose del rey, no debe visitar un acto religioso sin corbata, que es una falta de respeto. El problema es que la corbata de Felipe también brilla por su ausencia en otros actos que exigen respeto.
"Y asimismo en el emotivo homenaje a las víctimas de Adamuz, a las que fue a ver descorbatado al hospital, incluso cuando visitó a los cuerpos de seguridad a los que agradeció su labor tras la tragedia. Además, por ser vos quien sois, no podéis acudir, jamás, como lo hicisteis ese día. Reconózcalo". Felipe cree que la corbata lo aleja del pueblo y se la quita para actos en la calle, pero es el rey, el respeto lo demuestra vistiendo de manera formal, no casual como de fin de semana de amigos. Otra pifia de Felipe.
