Si hay algo que le gusta al rey Felipe, aparte de vivir como un rey, nunca mejor dicho, gracias a su linaje, es navegar. Su gran pasión, más que reinar, más que celebrar comidas institucionales, más que hacer visitas diplomáticas, es subir a un barco y hacer vela, deporte que le apasiona. Las horas y horas y horas que el Borbón se ha pasado a bordo de un velero son incontables.
El monarca ha compartido pasión con muchas personas, empezando por su padre, o el resto de miembros de las diferentes tripulaciones que han navegado con él. Pasión que no ha sido capaz de transmitir ni a su mujer Letizia, ni a sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Uno de los que más ha navegado con el rey ha sido el almirante Jaime Rodríguez-Toubes, que ya ha perdido la cuenta de las muchas horas que ha pasado a su lado surcando los mares. Un almirante a quien han entrevistado en el diario El Mundo, donde ha dicho cómo es Felipe cuando se pone el disfraz de marinerito español: "le encanta navegar. Se relaja mucho y deja sus preocupaciones en tierra. En el barco el ambiente es muy distendido, nos dirigimos a él como 'Don Felipe' pero hay mucha naturalidad de trato, si hay que soltar un taco lo soltamos. Además la discreción es total, lo que ocurre en el barco no sale de ahí".
Lo que sí sale de allí son las necesidades que los miembros de la tripulación, Felipe incluido, tienen que satisfacer cuando se encuentran en plena travesía marítima. El almirante dice que Felipe siempre se muestra muy modesto cuando sube al barco, "maneja bien el timón, pero siempre se excusa diciendo: `Que llevo un año sin navegar', y yo le contesto que eso es como montar en bici, no se olvida", y que en todo momento quiere ser considerado uno más y no establecer diferencias con sus compañeros de navegación. Ya en los años 80, con Felipe adolescente, cuando empezaron a compartir las primeras regatas, "Le encantaba el chocolate y una vez se comió una tableta entera. Aunque intentaba disimular, noté que no le había sentado bien y como le tocaba una guardia, quise relevarle, pero se negó rotundamente. Era un chico tímido, pero en mar abierto perdía esa timidez y le encantaba sentirse uno más, no le gustan las diferencias y tampoco se rajaba para echar una mano", aunque le daba vergüenza cuando alguna vez su madre, la reina Sofía, aparecía por el puerto a llevarle un bocadillo. Hablando de bocadillos, "llevamos todos en la mochila los mismos bocadillos que nos preparan en el náutico".
Lo más sorprendente, sin embargo, de lo que ha revelado el almirante, es cuando, para poner un ejemplo de esta voluntad de Felipe de ser uno más y que lo consideren como un igual, habla de cómo satisface sus necesidades, incluso ahora, siendo el rey: "Incluso ahora, siendo monarca, hace lo mismo que el resto de la tripulación: en el barco no hay cocina ni baño, así que hacemos las necesidades desde cubierta"... Ya que estamos en un contexto marítimo, esto está muy bien cuando se trate de hacer aguas menores. Ponerse a babor, estribor, la proa o la popa, en función de hacia dónde sople el viento, para no tenerlo en contra, y hala, al agua. Pero claro, la duda que nos genera es qué pasa cuando el monarca necesite hacer aguas mayores allá arriba en la cubierta...
Sí, al final, hace sus necesidades como cualquier hijo de vecino, todos lo hacen, reyes, súbditos y cualquier persona, pero sinceramente, la imagen del Borbón, allí en la cubierta, mostrando su otra cara al océano, o el toisón de oro a los cuatro vientos, ante todo el mundo, no nos la hubiéramos imaginado nunca...
