El 29 de octubre de 2026 se cometió el mayor robo de dinero de la historia y no hizo falta ninguna máquina que piense. Bastó con un programa que firma, un número de orden y una lista de 50 intentos, y el botín, unos 6.360 millones de dólares, equivale a cuatro veces el récord anterior. La víctima fue Binance, la mayor casa de cambio de criptomonedas del mundo, y lo singular del caso es que cada salida de fondos llevaba la firma de la propia Binance. La IA, la tecnología que todos temen, no estuvo en el golpe, y cuando apareció fue del lado de quienes persiguen el dinero. Esa es la lección del asalto, y para entenderla hay que ver cómo se hizo.
Una casa de cambio de criptomonedas funciona como un banco que guarda dinero digital por cuenta de sus clientes. Para pagar los retiros de cada día, mantiene una parte en billeteras conectadas a internet, llamadas billeteras calientes, y el resto en billeteras desconectadas, que son como una caja fuerte sin cable. Cada transferencia desde una billetera caliente requiere una firma digital, es decir, un sello matemático que solamente puede producirse con una clave secreta y que prueba que esa clave intervino en la operación. Sin embargo, las redes por las que circulan las criptomonedas, tales como Bitcoin, Ethereum o Tron, que son registros públicos compartidos por miles de computadoras, no preguntan quién pidió el sello ni por qué, solamente comprueban que sea correcto. Por lo tanto, quien controla el aparato que firma controla los fondos, aunque nunca haya visto la clave.
La preparación empezó al menos 36 horas antes. El 28 de octubre, el operador del ataque financió una cuenta con tres retiros pequeños de Tornado Cash, un servicio que oculta el origen del dinero digital. El 29 por la mañana probó el programa del asalto en dos monederos propios, lo ensayó en un tercero y devolvió los fondos de prueba. Cuatro horas después de ese ensayo, el mismo programa quedó instalado en una billetera caliente de Binance en la red Ethereum. Esa red incorporó en mayo de 2025 una función que permite a una billetera común otorgar un poder a un programa, como quien firma ante un escribano un poder a favor de un apoderado, y desde ese momento el programa maneja la billetera hasta que el dueño firma otro poder que anule el anterior. El intruso hizo que la cuenta de Binance firmara 50 poderes a favor de un programa que obedecía únicamente a él. Cada monedero lleva un número de orden que sube con cada operación y un poder que vale solamente para un número preciso, pero la cuenta de Binance pagaba retiros sin parar y el número avanzaba. Con 50 números consecutivos era casi seguro que uno coincidiera, y uno bastó.
A las 20:05 hora de Londres, cinco cuentas de Binance en la red XRP se vaciaron en cuatro minutos. A las 20:24, tres minutos y 24 segundos después del poder, la billetera de Ethereum envió al intruso 167.464 unidades de ether, la moneda de esa red, junto con 1.615 millones de dólares en USDT, una moneda estable, es decir, una criptomoneda emitida por la empresa Tether y diseñada para valer un dólar. En la misma media hora, cuentas de Binance en otras ocho redes enviaron sus saldos al atacante mediante transferencias firmadas comunes. Esas cuentas usan claves y sistemas de sello diferentes entre sí, lo cual descarta una sola clave sustraída. La firma de rastreo TRM Labs concluyó que el delincuente consiguió que el sistema de firma de Binance autorizara lo que él quería en las 10 redes. Binance dijo primero que todo empezó en la computadora portátil infectada de un ingeniero, desde la cual el atacante llegó a un servicio interno con permiso para pedir sellos de retiro, y aclaró que no encontró evidencia de una clave filtrada. Luego admitió "puntos adicionales de vulneración", informó que el intruso usó un mecanismo de autodestrucción para borrar sus herramientas y rastros, y prometió un informe sobre la causa. Queda por saber si no existía un muro entre los firmadores de cada red o si existía y el portero abría a cualquiera.
La reacción llegó tarde y costó dinero, no solamente tiempo. Changpeng Zhao, fundador de Binance, avisó en la red X que parecía un asalto antes que la empresa. A las 21:24, una hora después del gran barrido, Binance anunció que investigaba "un posible problema de seguridad", y a las 22:15 suspendió todos los depósitos y retiros. Sin embargo, el poder firmado a favor del intruso seguía vigente, y los propios sistemas de Binance siguieron encaminando depósitos de clientes hacia la billetera tomada, de modo que cada dólar que entraba salía enseguida, con barridos sucesivos hasta las 23:56. A su vez, a las 23:05 cayeron las cuentas de Binance en otras dos redes, Avalanche y Polygon. Cambiar la clave no servía de nada, porque el poder pertenece a la billetera y no a la clave, y solamente se anula con otro poder firmado. Binance firmó esa anulación a las 00:10 del 30 de octubre, 3 horas y 49 minutos después de la instalación, según consta en el registro público de Ethereum. Entre tanto, dos emisores de monedas estables, Ripple y World Liberty Financial, bloquearon sus monedas dentro de la propia billetera de Binance para que el intruso no pudiera seguir vaciándola. Binance sostiene que las salidas cesaron tras la suspensión, pero no publicó la cronología de sus alertas internas.
El destino del botín dependió de tres mecanismos de control distintos sobre los activos digitales. El primero es el interruptor del emisor, que existe en las monedas estables porque hay una empresa detrás. Tether inmovilizó 971 millones de dólares a las 21:01 y Circle, emisora de la moneda estable USDC, bloqueó 823 millones de dólares a las 21:04. Con las intervenciones posteriores, Binance contó unos 3.000 millones de dólares congelados. El intruso conocía ese interruptor y corrió contra él. Vendió 325 millones de dólares en USDT a cambio de ether aceptando un descuento de más del 10%, pidió prestados 19.760 ether contra otros 60 millones de dólares en una plataforma de préstamos llamada Aave, que después cerró esos mercados, y envió otros 300 millones de dólares a una plataforma similar en la red Tron.
El segundo mecanismo es el comité de emergencia de una red. En Arbitrum, una red construida sobre Ethereum, un consejo de seguridad de 12 miembros alteró de forma temporal un contrato y movió 8.426 ether y 74,6 millones de la moneda ARB desde la billetera del atacante a una cuenta intermedia, que solamente se abre con una votación. El mismo consejo hizo lo mismo en abril de 2026 con el dinero sustraído a la plataforma KelpDAO, con nueve de los 12 votos, y la comunidad discutió si una red capaz de mover saldos sin el sello del dueño sigue siendo descentralizada. El tercer mecanismo no existe, y es el caso del bitcoin, que no tiene empresa ni comité. Los 18.270 bitcoins sustraídos, unos 1.470 millones de dólares, fueron a 19 direcciones, 17 de ellas con exactamente 1.000 bitcoins, y al 30 de octubre de 2026 no habían tocado ninguna casa de cambio, puente ni mezclador. Nadie en el mundo puede congelarlos. TRM Labs y Chainalysis atribuyen el golpe a TraderTraitor, la unidad de piratas informáticos de Corea del Norte que vació Bybit en febrero de 2025, porque fondos sustraídos en septiembre de 2026 a la casa de cambio Bitget se mezclaron con los de Binance en los mismos monederos. El FBI dijo únicamente que estaba al tanto.
Binance reservó 6.340 millones de dólares de recursos propios para cubrir todo, de los cuales 5.000 millones de dólares ya estaban en las mismas monedas sustraídas, y compra el resto en el mercado. Su fondo de emergencia para clientes guarda 15.000 bitcoins, unos 1.170 millones de dólares, de modo que el ladrón tiene más bitcoins que el fondo. La empresa sobrevivirá, porque ya tiene reservada la pérdida entera. Las monedas estables congeladas volverán a Binance por la vía legal, porque las empresas que las bloquearon pueden emitirlas de nuevo, aunque ese proceso no tiene fecha. Los bitcoins y el ether no volverán, como no volvió nada equivalente de Bybit, y Corea del Norte se quedará con unos 2.400 millones de dólares, la cifra que TRM Labs estimó fuera de todo alcance al 30 de octubre de 2026, más que todo lo que obtuvo en Bybit. Lo que Binance todavía debe explicar es cómo una computadora infectada llegó hasta el aparato que firma para 10 redes, y mientras esa respuesta no llegue, cualquier casa de cambio del mundo debe suponer que su firmador también obedece a cualquiera.
Y aquí vuelve la IA, que en todo este asalto brilló por su ausencia. La regla que frenaba la parte más grande del golpe cabe en una línea, y es la que TRM Labs recomienda después del hecho, es decir, rechazar cualquier poder firmado sobre una billetera de tesorería y tratar un pedido de muchos sellos consecutivos como señal de intrusión. Esa prohibición salvaba los 3.790 millones de dólares que salieron por Ethereum, y lo demás solamente lo salvaba un firmador que no obedeciera a cualquiera. Para nada de eso hace falta inteligencia, hace falta una regla. Por otra parte, la IA entró en la historia por el lado de quienes persiguen el dinero, porque las firmas que reconocieron el patrón en pocas horas son las mismas que venden plataformas de investigación con IA. Ese patrón ya era conocido, puesto que los retiros pequeños de Tornado Cash, el ensayo en monederos propios y los sellos obtenidos por adelantado son la misma secuencia de Bybit y de KelpDAO, y las señales del ensayo estaban a la vista en un registro público desde la mañana del 29 de octubre. La próxima defensa de las casas de cambio será un vigilante que lea ese registro antes del golpe, y el próximo atraco de esta escala apuntará otra vez al aparato que firma, porque una clave se guarda y un firmador que obedece a cualquiera no.
Las cosas como son.
